jueves, 6 de febrero de 2014

El diario

“Huir no soluciona los problemas cuando uno ha sido herido en serio. Al fin y al cabo, a donde quiera que vayas, llevarás contigo la cabeza y el corazón” –Dolores Clairbone (Stephen King)

El diario

Todo comenzó un viernes de invierno. Yo había salido de la escuela y viajaba en el colectivo hacia mi casa.  Normalmente me siento en los asientos individuales, porque no me gustan los dobles, pero ese día el colectivo iba lleno de personas que salían de trabajar, de la escuela, como yo, y otros que entraban a los mismos. Así que iba sentada en un asiento doble porque era el único que había conseguido.  Tengo un viaje largo a casa, por lo que siempre leo en el colectivo. Rara vez presto atención a las personas que están a mi alrededor. Es por eso que no noté cuando la persona que estaba a mi lado se levantó y otra distinta se sentó en su lugar. Solo en un momento desvié mi mirada hacia la muchedumbre, cuando pasaba por un lugar al que por costumbre siempre miro, esta vez no pudo ser posible debido a la gente que se interponía.  Solo en ese instante miré distraídamente a mi compañera de asiento.  Era una chica, calculo, que de mi edad. Seguí con mi lectura, entonces empecé a sentir que me miraba.  Traté de no darle importancia y concentrarme en lo mío. 

El colectivo ya se había vaciado bastante para cuando ella se levantó. La seguí con la mirada, intrigada, algo en ella me llamaba la atención. Justo antes de bajar me miró, parecía cansada, como si no hubiera dormido en días y me dedicó una sonrisa triste.  Entonces me di cuenta que se había dejado un cuaderno en el asiento, pero ya era tarde, ya había bajado y el colectivo seguía su recorrido.  Tomé el cuaderno y lo abrí buscando un teléfono, una dirección a donde devolverlo.  Pero en vez de eso, me encontré un mensaje escrito en la primera hoja, que decía así:

“A quien sea a que le haya llegado este diario: Hola, soy Caroline, si tenés este diario en manos no es por casualidad, si no, porque te he elegido para sepas mi historia. ¿Por qué te he elegido? Eso no lo sé, supongo que cuando te vi, supe que eras vos el indicado/a para leer lo que sigue a continuación. Escribí esto porque nunca pude contárselo a nadie y solo necesito que alguien lo lea y sepa por todo que tuve que pasar. No me decidí por eso hasta hoy, nunca me creí capaz de dejar que alguien lo leyese, sin embargo acá estoy, escribiéndote esto. Espero que haya elegido bien y de verdad, espero que lo leas, porque sos la única persona que puede llegar a comprenderme. Ahora el diario está en tus manos, hacé lo que te parezca correcto.
Caroline.”

Tuve que bajar del colectivo y al llegar a casa, luego de almorzar, fui a mi habitación y me senté en la cama con el diario en las manos, lo abrí y en la segunda hoja  encontré esto y no era nada de lo que había esperado.


Sábado 19 de noviembre de 2011

Mamá volvió con las ropas ensangrentadas otra vez y se explicó con la excusa de que atropelló un perro en la calle y tuvo que sacarlo del camino. Sé que está asesinando personas otra vez, y ella sabe que lo sé, siempre sabe.

Desde que empezó hace dos años,  supe que algo no andaba bien con ella, tal vez siempre estuvo enferma y yo era demasiado pequeña para entenderlo. Ahora, con diecisiete años, veo las cosas con un poco más de claridad. Sé que ella se ha esforzado para no hacerlo más, ha intentado detenerse, y funcionó, por un tiempo... A pesar de todo, mi madre nunca me ha hecho daño, ni me ha tratado mal. Se ha hecho cargo de mí todos estos años, y ha sido buena conmigo. Aunque sé que no me quiere, pero al menos lo disimula. Con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que no puede amar ni sentir compasión por nada ni nadie. Así que, llegué a la conclusión que sólo se ha ocupado de mí por una cuestión de responsabilidad.  Nunca hablamos del tema, las veces que he intentado hablar con ella, se alteró y enojó mucho, así que no lo hice más.

Mi madre está enferma y necesita ayuda, porque no puede controlarse y porque sé que se va a poner peor. Pero yo no puedo buscar ayuda, porque si lo intentara, si lo decidiera,  ella se daría cuenta, porque siempre descubre mis intenciones. Estará loca, pero no es estúpida.  Así que he decidido escribir esto, ya que no se lo puedo contar a nadie, ni siquiera a mis amigos más íntimos, no lo entenderían y es peligroso. Corro un grave riesgo de que ella lo encuentre, así que lo he escondido bien en el sótano.

Domingo 20 de noviembre.

El asesinato del hombre de ayer ya está en las noticias. En la nota que dio un oficial de policía en la televisión, se ha hablado de un asesino en serie. La policía sabe que no fue un asesinato común, saben que se enfrentan a una persona que ya ha asesinado muchas veces.

Evito encender la televisión en los canales de noticias, no quiero que mamá se altere, porque ha estado actuando raro últimamente. Creo que no está siendo lo suficientemente cuidadosa y temo que, si sigue así, terminen dando con ella. Eso significa que irá a la cárcel, y no sé qué será de mi entonces.

Como mi madre se ha ido sin decir nada, estoy sola en casa. Así que aproveché para escribir e investigar un poco sobre lo que decía el noticiero. Dicen que seguramente ella sufra de trastornos mentales, pero que sabe lo que hace, ya que sus crímenes están bien planificados y es cuidadosa con las evidencias. No sé hasta qué punto ese especialista pueda tener razón. A veces parece que está totalmente loca y a veces parece tan cuerda, como una persona normal.

Sé que nunca se ha arrepentido por haber matado a esas personas. Si intentó detenerse, fue por el hecho de que no quería que la atrapen. En ese caso, yo iría a un orfanato. Una cosa que me aterra es lo que puede llegar a suceder cuando cumpla los dieciocho y sea mayor de edad, porque no tendrá que hacerse cargo de mí nunca más y yo no tengo a donde ir.

Lunes 28 de noviembre

No he podido escribir estos días porque mi madre se ha puesto muy mal. Está alterada porque ha visto las noticias, que ahora dicen que la policía ha encontrado ADN en el cadáver del hombre. Estoy muy asustada, mientras estábamos comiendo ha lanzado un plato hacia el televisor y lo ha roto. Luego se encerró en su habitación por el resto del día y no la vi salir en ningún momento, hasta ahora. Se fue en la camioneta hace unos cinco minutos, creo que ha salido de caza otra vez.

Me estuve sintiendo muy mal en estos días porque he llegado a pensar que tal vez tengo algo de culpa de todo esto. Soy la única que sabe que ella es la que ha estado asesinando todo este tiempo. No puedo dormir porque las caras de los familiares de las víctimas aparecen en mi mente y me miran como si yo fuera la que mató a sus seres queridos. Algunas caras son inventadas y otras las he visto en la televisión. Me gustaría decirles que de verdad lo siento. Porque no sé cómo pararla. Estuve pensando en buscar la forma de encerrarla en una habitación, tal vez en el baño, y llamar a la policía, tengo que meditarlo y planearlo bien. Por otro lado, mi madre apenas me habla, creo que sabe que estoy planeando algo.

Estoy intentando con todas mis fuerzas estar calmada, pero siento que en cualquier momento voy a enloquecer.

Miércoles 30 de noviembre

No puedo aguantar más esto. Mi madre me ha ordenado no ir más a la escuela, ha estado más paranoica que nunca. Creo que ya no piensa con claridad. En los últimos días apareció otra víctima. Lo ha destrozado. No exagero. De ahora en más, miro la televisión sola en mi habitación. En las noticias dijeron que le han sacado los ojos a la víctima. Se está descontrolando, no creo que haya planeado bien eso, creo que fue impulsiva y descuidada.

Cuando vi eso supe que tenía que hacer algo y casi logro encerrar a mi madre en un armario, cuando estaba guardando ropa. Pero lo supo, ella siempre sabe, descubrió mis intenciones y le ha dado un ataque. Nunca la había visto así. Me pegó y me arrastró de los pelos hasta el sótano y luego me ha encerrado. No ha dicho ni una palabra más. Las primeras horas estuve gritando, pero nadie me escucha desde acá. Cuando me trae comida he intentado hablar con ella, hasta me he disculpado, le rogué que me sacara, pero no dijo nada, sólo me miró una vez a los ojos y pude ver su locura y su desprecio hacia mí. No sé qué es lo que la hace seguir trayéndome comida. No sé cuánto tiempo más me mantendrá con vida. Lo único que tengo es este diario, que por suerte lo escondí acá en el sótano.

Miércoles 7 de diciembre

Esta semana pasaron demasiadas cosas y voy a tratar de explicarlas lo mejor que pueda. Primero, mi madre escapó y me dejó en el sótano, lo supe cuando escuché el ruido del motor de la camioneta encendiéndose. Todavía no sé cómo logré eso, supongo que tengo una muy buena audición. Entonces supe que era el momento de escapar, era mi única oportunidad. Corrí hacia la estantería y busqué la caja de herramientas que era de papá. Él murió en un accidente, chocó con el auto cuando yo tenía nueve años. A veces creo que no fue un accidente, que lo hizo a propósito porque descubrió lo que era mamá y no pudo soportarlo. Pero supongo que nunca sabré la verdad sobre eso.  En fin, tomé un martillo de la caja de herramientas y me acerqué a la puerta. Tuve que dar varios golpes hasta que pude  romper la cerradura, no soy muy buena con el martillo y carezco de fuerza también, así que me llevó un rato. Más que nada porque estaba muy nerviosa, en ese momento no sabía adónde había ido mi madre y cuándo iba a volver.

Cuando logré salir del sótano, me encontré con un silencio abominable en la casa. Mi desesperación era indescriptible, no sabía qué tenía que hacer. Podía llamar a la policía, pero entonces mi vida estaría acabada, porque en todos lados se me conocería como la hija de la asesina en serie de la ciudad. Entonces pensé “de todas formas tienen el ADN ¿no? Sabrán que es ella en cualquier momento” Pero ¿qué pasaba si no, si no lo averiguaban a tiempo y nunca la atrapaban? Tendría la culpa y sería cómplice de todas las personas que había matado y que mataría en el futuro. Así que, tomé todo el dinero que tenía ahorrado, que no era mucho, pero al menos era algo. En una mochila vieja, guardé un poco de ropa y solo lo que pensé que necesitaría, no quería que se notara que faltaban cosas. Encontré una vieja agenda que era de papá y también la guardé en la mochila. Me puse un sombrero y unas gafas y salí de casa. Me tomé un colectivo que iba hacia el centro. Cuando bajé ahí, me dirigí hacia el primer teléfono público que vi y llamé a la policía, como pude cambié la voz. Dije que tenía información sobre la asesina que estaban buscando, dije los nombres de las víctimas, el nombre de mi madre, la dirección de la casa y corté. Luego busqué en la agenda un nombre y encontré la dirección que buscaba, por suerte era un lugar que sabía cómo llegar, me tomé otro colectivo y fui a la casa de mi tía. En realidad, no es mi tía de sangre, es una señora que cuidó a mi padre de pequeño, fue como una segunda madre para él  y de niña había sido como una abuela para mí. La última vez que la vi fue en el funeral de papá. Habían pasado años y ahora, sería una anciana y no sé por qué querría ayudarme, pero era mi única esperanza.  Le conté la historia, pero le saqué muchos detalles… Le dije que mi madre se había vuelto loca y me había encerrado en el sótano, que había logrado escapar y que no tenía adónde ir.  Ella se compadeció de mí, me acogió en su casa y desde entonces, acá estoy.

Hace unos días la cara de mi madre invadió todos los noticieros, anunciando su desaparición y su búsqueda por sospechosa de los espeluznantes homicidios ocurridos en los últimos meses. La policía pedía que se les informara sobre cualquier información sobre ella. No han mencionado nada sobre mí, todavía. No he salido desde que llegué a esta casa y no pienso hacerlo. Espero que la encuentren pronto. No soportaría que mi llamada no haya servido de nada, necesito que todo esto se termine ya. La tía se ha quedado impactada  y yo fingí estarlo también, como si recién me enterara que mi madre es una asesina en serie. No me costó mucho la verdad, ya que estoy muy asustada y últimamente no hay un día que logre evitar llorar. Extraño mucho a mis amigos y me odio por haber tenido que desaparecer sin haberme despedido. Ahora que saben lo que es mi madre, seguramente piensan que estoy muerta o con ella y me deben odiar, no los culpo.

La tía es una de las mejores personas que he conocido, es tan buena conmigo que no lo merezco. Si supiera que hace años que sé lo que mi madre hace y que nunca hice nada para pararlo me despreciaría. Ella es tan pacífica y comprensiva. Parece feliz ahora que tiene a alguien para que la ayude con la casa, ya está débil para que haga todo ella sola.

Sábado 17 de diciembre

Hace dos días capturaron a mi madre en una estación de servicio sobre una ruta. Ahora está detenida. Fue un verdadero alivio saberlo. Incluso el ambiente de la casa parece más agradable. Los últimos días la tía y yo estuvimos muy nerviosas ya que no conseguían atraparla.  No les fue fácil, le costó la vida a un oficial de policía. Al final, como era esperado, yo también salí en los noticieros con un cartel de “desaparecida”. Ahora que atraparon a mi madre se tranquilizaron, supongo porque esperan que ella sepa dónde me encuentro. Así que tuve que cambiar un poco mi aspecto, me corté el pelo y lo teñí de otro color.

Ayer decidí ir a ver a mis amigos y la cosa no salió muy bien. Fui a la escuela en el horario de salida y me quedé en la vereda de frente observando. Primero vi a Selene que caminaba hacia la esquina seguida de Alan. Estaban esperando que el semáforo prendiera su luz roja para poder cruzar, cuando Daniel se acercó y le dijo algo a Selena, ella se hizo la ofendida y le pegó en el hombro, Alan reía y luego, los tres reían. Los autos pararon y los tres cruzaron, comencé a acercarme. Los seguí unos metros para estar más alejados de la muchedumbre que se formaba a la salida de la escuela. El momento justo se presentó ante a mí, Alan se había agachado para atarse los cordones y Selena y Daniel lo esperaban. Estaban charlando animadamente y no prestaban atención al resto, así que me paré en frente de Alan, justo empezaba a levantarse y a decir algo, entonces me vio. Su cara se transformó en una mueca de sorpresa, que en otra situación hubiera resultado gracioso. Entonces Daniel y Selena pararon de hablar y también me vieron, parecía como si estuvieran viendo un fantasma. Ella fue la primera en reaccionar. Se acercó a mí y me pegó una cachetada.

-          Idiota mentirosa. –Me dijo mirándome a los ojos. -¿Cómo podés…-Su voz se quebró y se convirtió en un llanto, las lágrimas corrieron por sus mejillas. Respiró hondo y levantó un poco la voz -¡Pensábamos que estabas muerta!
-          Chicos, perdón por todo, no saben lo arrepentida que estoy…es que, en el momento, no pude pensar…-Suspiré. –Hice lo que pude para sobrevivir y…
-          Nos mentiste. –Dijo Alan, su voz sonaba cortante, fría.
-          Yo no quería pero…
-          ¿Cómo no pudiste confiar en nosotros? Éramos tus amigos –Dijo Selena
-          ¿Éramos? –Respondí.
-          Si, éramos. –Entonces Selena dio media vuelta y comenzó a alejarse, Daniel me miró con tristeza y sin decir ninguna palabra la siguió. Alan me miró unos segundos más, unos segundos que parecieron horas. Me miró con odio, yo intenté decirle algo más pero solo pude balbucear, un nudo se formó en mi garganta, y él solo negó con la cabeza y se alejó también.

Así se alejaron de mi vida las únicas personas que tenía. Ya no queda nada de mi vida. Estoy destrozada y ya no sé cómo seguir, ya no sé si quiero seguir.

3 de enero de 2012

Este último tiempo ha sido duro. La tía está enferma y los médicos nos han dicho que no creen que viva más de seis meses. Ella no tiene a nadie, solo estoy yo, y he decidido quedarme hasta el último momento. Ella dice que quiere que me quede con la casa y todas sus cosas. A mí me parece demasiado.

Mi madre está internada en un instituto psiquiátrico para criminales. Con respecto a mí, creo que han dejado de buscarme. A pesar de todo, mis amigos no han dicho nada.  Así que,  quiero pensar que estoy a salvo. Ya decidí que no voy a quedarme con la casa, en cuanto la tía ya no esté más en este mundo, la venderé y me iré a otro lugar, no sé a cuál todavía. Necesito empezar de nuevo. Necesito superar esto y poder seguir con mi vida y siento que, si me quedó acá, voy a quedar estancada. Esta ciudad me recuerda a todo, a mi madre, a mi padre, a mis amigos, a mi antigua yo. Todo eso ya no es parte de mí, y recordarlo solo causa dolor. Lo peor son las noches, las pesadillas no me dejan dormir en paz. Me despierto a mitad de la noche temblando de miedo, sin poder recordar qué estaba soñando.  Supongo que a veces hay que dejar de pensar y dejar que las cosas fluyan y sucedan solas. Otras veces hay que analizar qué nos hace bien y qué nos hace mal. Hay confusiones y decaídas en el camino, pero siempre hay que seguir. Sé que habrá más noches de lágrimas, de presiones en el pecho y de incontables tazas de té de tilo. Pero voy a estar bien, y voy a buscar la forma para estar mejor.

La tía se está tomando la situación bastante bien. Está asustada, pero ¿quién no lo estaría? Aunque creo que ya aceptó que es el ciclo de la vida, que es algo que no puede evitar ni ella ni nadie. Y ella decidió irse en paz. Así que se toma las cosas con calma. Los médicos dijeron que no va a sufrir, que se irá apagando lentamente como un fuego y luego se dormirá, para siempre. Es duro verla morir, aunque el tiempo que pasamos haya sido corto, creo que es una de las personas más importantes que he tenido en mi vida y nunca voy a olvidarla. Por eso es que ahora necesito estar bien, para ella. No quiero que sus últimos momentos de vida sean verme sufriendo.

9 de enero del 2012

Decidí ir a ver a mi madre al manicomio, solo necesitaba saber que de verdad estaba ahí, que de verdad no iba a poder matar a nadie otra vez. Estaba muy nerviosa, más que nada porque tenía miedo de que me reconocieran. Dije que era una amiga de Caroline, la verdad es que no me prestaron mucha  atención. Luego un hombre me acompañó hacia una puerta que conducía a un pasillo donde estaban las celdas. Me indicó cuál era la de mi madre y me dijo que cuando terminara que le avisara para que me abriera la puerta. Inmediatamente se alejó y desapareció detrás de la puerta por la que habíamos venido.

Mi madre estaba durmiendo, en esa habitación parecía tan inofensiva, despeinada y con esa bata de paciente de hospital. La miré durante un rato. Ya me estaba levantando para irme cuando abrió los ojos. Se incorporó de golpe y me miró directamente hacia los ojos. Su aspecto era horrible, parecía tener diez años más y estaba pálida. Se asemejaba a un fantasma más bien. Se notaba que no estaba bien cuidada, no me esperaba más, ¿quién querría cuidar de una asesina sádica en serie? Me daba escalofríos pensar que me encontraba en un lugar habitado de locos criminales. Pero más me aterraba ella, y no pensaba demostrarlo de ninguna manera que ella pudiera detectar.

Pensé que no me reconocía, se notaba que estaba bajo el efecto de las drogas que le daban. Pero es mi madre, y una madre siempre reconoce a sus hijos. Entonces comenzó a hablarme, primero balbuceaba y yo no entendía qué me estaba diciendo. Luego se paró y se acercó hacia mí. 

-          Me traicionaste, niña estúpida. –Me dijo.
-          Lo hice tarde, tendría que haberte entregado en cuanto me di cuenta que estabas…
-          ¡Yo volví a buscarte! –Me interrumpió y siguió hablando como si no me hubiera escuchado. -¡Volví! ¡Y me encontré con un montón de policías, me encerraron, me abandonaron acá, como un pedazo de mierda!
-          Mataste a personas inocentes, ¿qué esperabas? Deberías estar en la cárcel.
-          Sacame de este lugar, Caroline. Soy tu madre y te lo ordeno.
-          ¿Por qué lo hiciste mamá? ¿Por qué las mataste? –Nunca olvidaré cómo me miró después de eso. Luego empezó a reírse a carcajadas.
-          Porque estoy loca claro. –Dijo sarcásticamente y siguió riéndose.
-          Me tengo que ir, adiós mamá.
-          ¡No me importa, buscaré la forma de salir sola! ¡Y cuando lo haga, te encontraré y te mataré! LOS MATARÉ A TODOS.

Y eso fue todo. Lo último que escuché fueron sus insultos cuando caminé hacia la puerta para pedir que me abrieran. Luego me fui sin ninguna intención de volver alguna vez en mi vida. Creo que nunca sabré por qué lo hizo.

Creo que esto va a ser lo último que escriba. Si todavía estás leyendo esto, gracias por llegar hasta el final. Espero que puedas entender que todo lo que hice lo hice para sobrevivir. No es que esté orgullosa de ello, para nada. Las caras de las víctimas  de mi madre y de sus familiares quedarán grabadas en mi mente por siempre, y cargaré con la culpa de sus muertes hasta que llegue mi hora de irme de este mundo.  Aunque yo no las haya matado, dejé que pasara y nunca me perdonaré por eso. Tendré que buscar la forma de vivir con ello. Necesito seguir adelante y para eso necesitaba que  vos leyeras este diario, solo para sentir que alguien en algún lugar me escuchó, me leyó mejor dicho. Supongo que te preguntarás cómo es que sabré que alguien lo leyó de verdad y no lo tiró por ahí. Sé que lo sabré, lo sentiré dentro de mí. Gracias por ayudarme a seguir adelante. Ahora necesito que me hagas un último favor: quema este diario y no le cuentes a nadie sobre él, ni sobre mí. Gracias otra vez, por tu tiempo.
Caroline.


Cerré el diario. Al principio no creía que la historia era real, pensé “debe ser una broma”. Entonces guardé el diario en un cajón y traté de seguir mi vida como si nada hubiera pasado. Pero no pude, no podía sacarme las palabras de Caroline de mi cabeza. Simplemente, no podía dejar de pensar en el diario, en ella, en si era real o no. Así que decidí comprobar la historia por mí misma.

Tenía las fechas justo ahí en el diario de Caroline, tranquilamente podía meterme en un diario virtual y buscar los artículos que se habían publicado en esas fechas. Entonces lo hice. Al principio no encontré nada,  pero luego de un rato buscando apareció una cronología, que explicaba todos los hechos hasta la internación de la madre de Caroline en la institución psiquiátrica para criminales. En ese momento me acordé del caso, las noticias en la televisión, ¿cómo pude ser tan estúpida para olvidarlo? Todo el mundo estuvo hablando de los asesinatos en aquella ciudad que quedaba en el interior del país.  Leí todos los artículos que encontré, de todos los diarios virtuales del país, incluso algunos de la ciudad en la que habían ocurrido los hechos. En pocos se nombraba a Caroline, ni siquiera ponían su nombre, solo “la hija de la asesina”.  La mayoría creía que estaba muerta, aunque la asesina no lo había confesado. Cuando no hubo más estaba tan sorprendida que no sabía qué hacer. No podía creer que a mi edad, una chica como yo, estuviera pasando por todo eso sin que nadie supiera. Y yo, que me quejaba y lloraba por chicos que no valían la pena.  Me sentí patética en ese momento. Estaba enojada por lo injusto que era que nunca nadie se preocupara por encontrarla y ayudarla. Al menos su tía pudo darle una mano en su momento.

Cuando logré tranquilizarme, decidí ocuparme del favor que pedía Caroline en lo último que había escrito. Salí al patio de mi casa y lo quemé en la parrilla. Luego entré y fui a darme una ducha para sacarme el olor a humo que me había quedado.  Escuché a mis padres llegar mientras me bañaba, seguramente se pondrían a hacer la cena. Era temprano, así que todavía tendría tiempo para leer algo antes de dormir.  Cuando terminé, pasé por la cocina para llevar la ropa sucia al lavadero.  Después volví para ver que estaban cocinando y cuánto faltaba, me moría de hambre. La televisión estaba encendida y pasaban propagandas.  Comencé a charlar con mi madre entusiasmadamente sobre una serie que había empezado a mirar cuando las propagandas  terminaron y empezó el noticiero, mi padre se acercó a mirarlo. Yo seguía hablando cuando escuché algo que me heló el corazón. El conductor del noticiero anunciaba una noticia de último momento: Una asesina se había escapado de una institución psiquiátrica y la policía estaba buscándola desesperadamente, ya que era una mujer extremadamente peligrosa, que había cometido crímenes violentos hace dos años. Miré la pantalla del televisor, donde aparecía la foto de la mujer buscada, miré fijamente sus ojos y escuché dentro de mi mente las palabras del diario de Caroline. Esas palabras que le había dicho su madre cuando fue a visitarla al lugar del que ahora se había escapado.  “¡No me importa, buscaré la forma de salir sola! ¡Y cuando lo haga, te encontraré y te mataré! ¡LOS MATARÉ A TODOS!”

Me quedé paralizada por unos minutos, seguí mirando la foto de la pantalla hasta que desapareció. Entonces comencé a temblar, el vaso que tenía en la mano mientras charlaba se estrelló contra el suelo. Escuchaba a mi madre gritando “¡Vera! ¿Qué te pasa? ¡Vera!” una y otra vez. Y todo comenzó a nublarse a mí alrededor. Yo era la única que sabía sobre Caroline, que su madre iría a matarla y no tenía cómo impedirlo, había quemado el diario. No tenía pruebas, nadie me creería. Deseé con todas mis fuerzas que Caroline estuviera demasiado lejos para que ella la encontrara.  Entonces todo se puso negro y me desmayé.

                                                                * * *
Caroline se despertó con el sonido del viento de un día de otoño.  Se encontraba en medio de la oscuridad en su habitación, en su nueva casa, en su nueva vida. Todavía no había amanecido, y no hacía mucho que se había dormido, pero por alguna extraña razón sabía que no podría volver a dormirse.  Se levantó y se abrigó con un sweater. Caminó en la oscuridad hasta la cocina, encendió la luz y se dispuso a hacer café. La casa estaba en tal silencio que solo se escuchaba el viento y el sonido de las hojas  del exterior. De a poco comenzó a llover.

Caroline caminó con su taza de café caliente en las manos hacia la ventana que daba hacia afuera de la casa. Corrió un poco la cortina para poder mirar la lluvia. Sus pensamientos comenzaron a llevarla a otro lugar. No supo por cuánto tiempo estuvo con la cabeza contra el vidrio mirando hacia afuera, como esperado algo, ¿o alguien? Hacía una semana que se había enterado que su madre se había escapado de la institución mental en la que había sido encerrada debido a los crímenes que había cometido.  En el momento en que había visto la noticia en la televisión, supo que significaba: su madre vendría a cumplir su promesa.

El sonido de un trueno la sobresaltó y la calle se iluminó por un segundo. Y ese segundo bastó para ver la silueta de una persona parada en la vereda de su casa. Se frotó los ojos con fuerza, esperando que solo hubiera sido un producto de su imaginación, pero en el fondo, sabía que no lo era. Había llegado el momento. Se incorporó rápidamente, fue hasta la cocina, abrió el cajón, tomó una cuchilla y apagó la luz. Se hizo silencio, toda la casa estaba a oscuras, excepto por los rayos de la luna y las luces de vereda que se colaban por las ventanas.  Caroline no tenía miedo. Estaba llena de adrenalina que rondaba por todo su cuerpo. Era el momento que había esperado todo este tiempo, era ponerle fin a esta pesadilla que la había perseguido toda su vida. Se sentía más lista y decidida que nunca, borraría la existencia de su madre de la faz de la tierra, para siempre. Porque soy la única que puede hacerlo, pensó.

Un estruendo rompió el silencio, como si la puerta de entrada hubiera estallado en mil pedazos.  Caroline se ocultó detrás de la pared que separaba la cocina del living. Se aplastó lo más que pudo contra la pared, con la cuchilla en la mano derecha.  No se movió, ni emitió ningún sonido, deseó que no se escuchara el sonido de su respiración.

Se oyeron pasos, silencio, pasos, silencio, otra vez pasos cada vez más cerca. El cuerpo comenzó a temblarle, su corazón latía aceleradamente, no podía controlarlo. La escuchó entrar en la cocina. Pasó a su lado, oía su respiración, sus pies arrastrándose por el piso, las gotas de agua chocando contra el piso. Estaba frente a ella pero de espaldas. No pensó y su reacción fue impulsiva, se lanzó sobre ella. Pero su madre fue más rápida. Antes de que Caroline cayera sobre ella, se dio vuelta, como si respondiera a un instinto animal, y la empujó contra la pared. Un grito de dolor se escapó desde su interior. En menos de dos segundos, estaban las dos, madre e hija, enfrentadas, frente a frente. La madre le apretaba el cuello con ambas manos. Y Caroline se resistía con todas sus fuerzas. Por suerte, no se le había caído la cuchilla e intentaba clavársela a su oponente, que cada vez con más presión le cerraba las vías respiratorias. Se estaba ahogando, mientras sentía el aliento de su mamá en su rostro, escuchaba su risa…El filo de su arma ya casi acariciaba su mejilla pero no era suficiente, las fuerzas se le escapaban,  veía puntitos, ya no sentía el cuerpo, se desvanecía…Desde su interior, Caroline, impulsó una fuerza que nunca supo cómo pudo salir de su cuerpo. Lo único que recuerda es su madre retrocediendo y gritando, con sangre corriéndole por el rostro. Sin pensar, la derribó, se situó sobre ella. Ahora tenía el poder, ahora ella estaba a cargo. Estaba encima de la persona que había hecho su vida un infierno, tenía la cuchilla sobre su cuello, un poco de presión y todo terminaría, ya no existiría más y pagaría por todo lo que había hecho. La luz de la luna que se filtraba por la ventana iluminaba la cara de su madre, que la miraba con los ojos abiertos, las pupilas dilatadas y una mueca de horrible que parecía expresar locura, satisfacción, cualquier cosa menos miedo, tristeza o dolor.

-          Dale, hacelo, matame. –Le dijo su madre sonriendo. –Es todo lo que querés, vamos.  Hazlo.
Caroline no respondió.
-          ¡DALE, INÚTIL, MATAME DE UNA VEZ! –Las lágrimas comenzaron a nublarle la vista.
-          No, no lo voy a hacer. –Le contestó su hija. Su madre comenzó a reírse histéricamente.
-          Porque sos débil, como tu padre. –Escupió las palabras con asco.
-          ¿Qué?
-          A tu padre lo maté porque era débil, y vos saliste a él. Estúpidos los dos.  –Una sensación inexplicable le recorrió por todo el cuerpo. Era la primera vez que su madre le hablaba de su padre. Las lágrimas le recorrieron el rostro, esperaba que su madre no las viera. -¿Saber eso no te hace querer matarme? Yo sé que sí, dale, esta va a ser la única oportunidad y si no lo hacés ahora, voy a matarte y destrozarte.
-          No soy como vos, no soy un monstruo. –Caroline le retiró el arma del cuello y con el mango la golpeó en la cien, dejándola inconsciente. –No soy así, no…
Y se derrumbó en sus lágrimas. Pero no lloraba de tristeza, lloraba de felicidad, porque entonces supo, que todo había terminado.

                                                                                ***

Desperté de una pesadilla, miré la hora en el celular, las diez de la mañana. Me levanté porque sabía que no me iba poder volver a dormir. Fui hasta la cocina para hacer té y mientras tanto, prendí la tele. No había nada para ver, todavía no empezaba Friends, mi serie preferida. Así que me conformé con el noticiero, estaban pasando una noticia de último momento pero yo no le daba mucha importancia. Una vez hecho el té, me senté en la mesa, tomé mis vitaminas. Me acordé de que no había agarrado las galletitas. Fui hasta la alacena,  me subí al banquito (porque soy petiza y no llego) Seguía medio dormida así que casi me caigo, pero hice equilibrio. Estaba en busca de mis galletitas, revolviendo toda la alacena, cuando de la tele escuché algo que me llamó demasiado la atención. Habían capturado a la madre de Caroline, que se había escapado del manicomio hacía dos semanas.  Me di vuelta bruscamente, salté del banquito, corrí a la tele y subí el volumen, me quedé como boba mirando la televisión. Según el periodista contaba, la policía había recibido un llamado telefónico diciendo que la criminal se encontraba en la plaza que mostraban en la pantalla. Cuando la policía se presenta en la plaza se encuentran con la asesina, atada a un banco de manos y pies. Y con una nota anónima que todavía la policía no reveló su contenido. No pude evitar sonreír, todo era obra de Caroline, estaba segura.  Me senté y una sensación de alivio me invadió, suspiré y terminé mi té.

                                                                                ***

Tres años después


Era primavera. Dentro de una librería las personas entraban y se acercaban al mostrador, otras, deambulaban por el lugar, buscando algo que les llame la atención. Pero hay una chica, que sentada en el suelo, tiene varios libros apoyados entre las piernas y encorvada, hojea uno, lo deja, hojea otro, toma otro del estante. Ella no parece notar lo que pasa a su alrededor. Entonces otra persona, también concentrada en lo suyo, la choca sin querer. Le pide disculpas. La chica desde el suelo, sin levantar la cabeza y como si casi no lo hubiera notado,  le responde unas palabras que la otra persona no llega a entender bien porque el tono de voz era muy bajo. La persona la rodea y pasa delante de ella, sigue mirando los libros. Y entonces como por esas casualidades de la vida,  sus miradas se encuentran, se conectan, se reconocen, se entienden. Las dos sonríen. Como si fueran amigas de una vida pasada. Pero eso es todo. Caroline se da vuelta y camina hacia la salida de la librería y Vera baja la cabeza y sigue leyendo.  

Vera Miszka