A continuación te dejo el primer capítulo de mi novela en proceso, espero que la disfrutes. Si te gustó o no y tenés una opinión para aportar comentá, te lo agradecería mucho.
Primera parte
Capítulo 1
Y ahí está de nuevo, con su
dulce voz, tentándome. Por más que lo intente no puedo no escucharla, ni dejar
de verla en mis sueños. Es inquietante. Me suplica, casi a sollozos, como un
niño cuando quiere que le compren un juguete. Pero yo ya no quiero complacerla,
sé que no debo, sé que está mal. Y aunque le diga una y otra vez “YA NO VOY A
HACERLO!” sé que la necesito, ese es mi error, necesitarla…
Pero ya es tarde, porque ya
no puedo controlarme. Los recuerdos vuelven a visualizarse en mi mente, como una película.
Puedo sentir el olor del miedo, la adrenalina, la emoción, la sangre
derramada…y otra vez su voz, llamándome, rogándome.
Me dejo llevar, ahora Ella
está al mando. Dirige mi cuerpo hacia la mochila, todo está allí adentro como
lo dejamos la última vez, listo para volver a usarse. Salimos hacia la calle, ya sé a dónde quiere
ir, a esa plaza que queda a dos cuadras.
Y ahí está, lleno de posibles presas, hoy sí que hay para elegir. Pero Ella
es tan difícil, ojalá que la encuentre rápido, no me gusta verla enojada.
Nos sentamos en un banco a
mirar, nada que la atraiga. Pasan horas…nada, comienza a inquietarse. Hasta
que, como siempre, aparece alguien perfecto.
Esta vez se trata de una muchacha de unos veintipico de años, su pelo es
negro y sus ojos azules. Le suena el
celular, atiende, se nota que está apurada.
Nos paramos y la seguimos
discretamente como por diez cuadras, ni nos nota, pobre ingenua. Ahora llega a
una casa, saca sus llaves…hay que apurarnos no hay gente circulando. Nos acercamos, mi corazón late tan fuerte que
siento que va a estallar.
-Disculpe señorita ¿Es esta
la calle Rivadavia? – Me mira, desconfía, le sonrío- Perdón, es que estoy
perdido.
-Sí, es esta Rivadavia.
La tomo fuerte del brazo, le
muestro el revólver discretamente
mientras le digo:
-Gritas y te rajo un tiro,
dale abrí, hacé lo que te digo-Se queda inmóvil, con los ojos abiertos como
platos- ¡HACÉ LO QUE TE DIGO!
Abre la puerta con las manos
temblorosas, la empujamos y le pegamos
en la cabeza con el revólver para inmovilizarla. Cerramos las cortinas, sacamos
todo de la mochila, la atamos y la amordazamos. Mientras que esperamos que
despierte nuestra víctima. Ella ríe, está feliz por lo que va a venir. Me alienta y yo no puedo sentirme más bien.
Ya despertó, me mira, llora,
no entiende nada. Le sacamos la cinta de la boca, me habla, dice “por favor no
me hagas daño, hay dinero arriba, llévatelo todo, pero por favor no…” Eso me
excita más.
Tomamos el cuchillo, le tapo
la boca nuevamente, no que nadie escuche;
y lo enterramos en su cuerpo una y otra vez…había olvidado lo bien que
se sentía. Grita, eso hace que no pueda detenerme. Su sangre tibia en mis manos
¿Cuántas veces la apuñalé ya? ¿5?¿6?¿7 tal vez? Paro. La miro desangrarse lentamente, sus ojos me preguntan “¿Por qué? Siento el olor a sangre, Ella también lo percibe, le
encanta.
Y ahí está de nuevo, con su
dulce voz, en mi cabeza. Ahora está
feliz, lo disfruta, “maldita ingenua” repite constantemente.
Entonces nos sentamos a su lado y acariciamos
su pelo negro, apenas puede moverse. Se retuerce lentamente, mientras que miro
sus ojos llorosos y asustados y me llevo su último suspiro, su último segundo
de vida.
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Me acabo de despertar, el
piso está frío, estoy en el baño, hay sangre por todos lados, no sé qué me
pasó. La cabeza me da vueltas y me duele todo el cuerpo, no sé cuánto tiempo
dormí en el baño. Me busco heridas en el cuerpo pero no tengo ninguna, la
sangre no es mía, pero está por toda mi ropa y mis manos. No me acuerdo nada.
¿Qué hice?
Logro incorporarme y me miro
al espejo, el pelo me cae sobre los ojos. Me inclino sobre la pileta para
lavarme la cara y veo que hay un cuchillo en ella, tiene sangre también. Lo
tomo cuidadosamente e inmediatamente una imagen se cruza por mi mente, se queda
ahí por un segundo y se va. Hay una chica en el suelo que está llorando. Cuando
abro los ojos me encuentro con mi reflejo que me observa desde un espejo. Y
está sonriendo, tiene los ojos muy abiertos, me mira, se ríe de mí. Su sonrisa
me da miedo me recuerda a…Sentí dolor en la mano, cuando miré tenía un pequeño
corte en la palma izquierda. El agua seguía corriendo así que me lavé ambas
manos, el cuchillo, luego la cara, me desvestí, abrí la ducha y me saqué todo
rastro de sangre que había en mi cuerpo. Más tarde me encargaré del baño y de
la ropa. Me siento increíblemente feliz
y no sé por qué.
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Ya terminé de limpiar todo.
Ahora estoy sentado en el sillón fumando un cigarrillo y mirando televisión.
Aún no recuerdo del todo lo que pasó, pero me hago una idea. De vez en cuando
aparecen imágenes en mi mente pero son solo eso, imágenes, que se van
rápidamente, luego se vuelve todo negro. A veces, las imágenes se disuelven en
mi mente, pero aún logro escuchar voces, llantos y súplicas, gritos de dolor
que hacen ecos en mi cabeza. Otras veces, me despierto en lugares de mi
departamento y no sé cómo llegué ahí, como hoy en el baño.
En las noticias estaban
pasando el clima pero lo interrumpieron porque hay una noticia de último
momento. Hay una reportera de piel morena, tiene el pelo negro y enrulado, como
tirabuzones. De fondo se ve una casa…se me hace muy familiar, como si ya hubiese
estado ahí en un sueño, solo que en mi sueño el jardín delantero no está lleno
de policías y cintas amarillas.
La reportera está haciendo
preguntas a los gritos a los policías, que piden que los dejen trabajar. Luego,
aparece una foto de una mujer de pelo oscuro y ojos azules y sé que la he visto
en alguna parte. Entonces los gritos se hacen más fuertes en mi mente, las
imágenes se unen, se reconstruye el recuerdo y se visualiza en mi cabeza. De
repente una ola de placer me invade, me paraliza y me acuerdo de todo. Ella
dice “Hola amor” y no puedo evitar
sonreír.
Vera Miszka.
Vera Miszka.

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