Era el día más frío de ese invierno, el pronóstico decía que era
muy probable que nevara en unas horas, lo cual era muy raro en la zona en la
que vivía Emilia, ya que era muy cerca del mar, el clima era más húmedo. Pero
hoy era distinto, hoy era un día raro, o especial, prefirió pensar Emilia, “hoy
va a ser especial”. Era temprano, pero ella ya se estaba preparando,
no porque tardara tanto en prepararse, sino porque estaba ansiosa. Normalmente
una chica de su edad se prepararía o se sentiría así antes de ir a una cita,
pero ella no era una chica de ese tipo, simplemente no era una chica con la que
un chico normal querría salir. Pero ella no se sentía mal, no le molestaba para
nada, porque ahora estaba ansiosa y feliz, hoy iba a ser la mejor noche
de su vida. Tal vez su “cita” no era con un lindo chico idiota al que
solo le importaba sí mismo, como con los que salían sus compañeras en la
escuela, no, “su cita” era aún mejor, era el recital de su banda
favorita, era ver en persona, aunque sea de lejos, al hombre que se había
convertido en un ejemplo en su vida, en su ídolo, en su todo: Brendon. Y
por supuesto, escuchar su música en vivo, tanto había esperado por eso.
¿Cuántas noches se había dormido imaginando estar entre la gente escuchando su
tema favorito de ellos, con Brendon a tan solo metros de ella, hasta había
imaginado como estaba vestido, y la hacía subir al escenario? No es que ahora
estaba pensando en eso, bueno en realidad sí, pero no creía que fuera posible
tanto, aunque en realidad sí, lo esperaba, lo deseaba más que nunca. Allí iba a
haber cientos de personas deseando y esperando lo mismo que ella. “Sería
demasiada suerte”. Pero con ir le bastaba, le había costado tanto, no
solo el dinero, convencer a mamá, a papá, eso ya era mucho, y a su amiga Bianca
para que la acompañara, sacar buenas notas y trabajar una semana en un local de
ropa femenina, donde iban señoras gordas que se probaban prendas apretadas que
les marcaban todos los rollos y luego les preguntaban a ella, si les quedaba
bien. Eso era incómodo, pero lo peor era cuando se enojaban porque no les
entraba nada, algunas les echaban la culpa a las prendas, otras a las
empleadas (por suerte a ella nunca le pasó eso) Y algunas empezaban a los
llantos, como niñas caprichosas.
Se había cambiado todo tres veces, menos la remera
de la banda, eso era esencial, y se quedó con lo primero que se había
puesto. Se miró al espejo, se arregló un poco más el maquillaje, porque
se había maquillado demasiado. Y a los diez minutos llegó Bianca, que al
parecer estaba muy animada. Luego se enteró que no era por el recital
sino porque iba un chico que le gustaba. Se fueron enseguida porque el papá de
Bianca las esperaba en el auto. Saludó a su madre, su padre estaba trabajando,
que le dijo que la llamara cuando llegara y que tuviera cuidado y esas cosas
que siempre dicen las madres.
En el auto, el padre de Bianca puso la radio y cantaron todo el camino. Cuando llegaron se despidieron del papá de Bianca, que les dijo que las pasaría a buscar después y se pusieron en la cola para entrar al recital, en la que estuvieron aproximadamente cuarenta minutos. Al entrar ambas se miraron con la boca abierta, el lugar era enorme, en el escenario había personas conectando los instrumentos, probando sonido y esas cosas. La mayoría del público eran adolescentes, como ellas y entraban corriendo al lugar, algunos gritando de felicidad. Consiguieron un lugar bastante cerca del escenario.
La espera de la banda fue casi eterna, todo el público estaba
emocionado y gritaba “Brendon” y el nombre de la banda para que salieran.
Y al fin, cuando sucedió, todo fue mágico, como un sueño. Emilia cantó
todos los temas, saltó y gritó de felicidad.
Había llegado el momento en el que Brendon hacía subir a alguien del público al escenario, y cuando Brendon la señaló a ella, la miró, le hizo señas para que subiera y todos comenzaron a empujarla hacia las escaleras, todo se volvió tan confuso. Sería por la sorpresa, porque no podía creer lo que estaba pasando, que cuando estuvo a su lado, tan cerca, Emilia comenzó a marearse, todo empezó a darle vueltas y antes de sentir que se caía en un hoyo negro, profundo, sin fin, vio como Brendon se le acercaba, le preguntaba si se sentía bien mientras la rodeaba con los brazos para detener la caída de su cuerpo inconsciente.
Cuando Emilia abrió los ojos ya no estaba en el escenario, ni el
recital, ni en su casa, ni en un hospital, se encontraba en un bosque.
“Seguramente estoy soñando” pensó. Se sentó, observó alrededor, encontró
una canasta y un mantel estirado en el suelo. Un picnic. El lugar no parecía
ser conocido, concluyó que nunca había estado ahí. No veía a nadie alrededor.
Hasta que divisó algo que se acercaba, algo pequeño, ¿una niña? Sí, y
venía corriendo hacia ella. Al llegar a donde Emilia estaba, la pudo
observar mejor. Aparentaba unos diez años, tenía el pelo largo y negro, bien
peinado hacia atrás, con una cinta color azul arriba de la cabeza y luego el
pelo le caía delicadamente. Tenía los ojos marrones bien abiertos y respiraba
agitadamente, parecía estar aterrada. Su carita era redonda y tenía unos
cachetes muy tiernos. Vestía un vestido celeste que le llegaba hasta las
rodillas. Emilia la miró con desconcierto.
- ¡Emilia!
¡Emilia! – Se abalanzó sobre ella y la abrazó.- Pa...pa..só de…de nuevo, la…la
vi, estaba… detrás de mí…y…luego…-Comenzó a llorar, Emilia no sabía qué hacer,
nunca había visto a esa niña en su vida, no entendía cómo podía saber su
nombre. Luego de unos minutos, la niña se desprendió de ella y se sentó
en frente suyo. Mientras se limpiaba las lágrimas le dijo:
- Mi
madre no me cree, vos sos la única que me escucha Emilia. –Emilia asintió, no
sabía si seguirle la corriente o preguntarle qué estaba pasando. – Emilia, ¿te
pasa algo? Estás rara.
- Creo
que me desmayé y me golpeé la cabeza.- La niña abrió más los ojos y luego la
boca, como si hubiera visto un fantasma.
- ¿No
te dormiste verdad? ¡Decime que no te dormiste!
- Yo…
- ¡Emilia!
¡No podemos dormir! Ya sabes lo que podría pasar….-Miró a los lados, como si
temiese que alguien la escuchara, y luego continuó, susurrando- ella, se mete
en nuestras mentes.
- ¿Quién?
- ¡La
niña! ¡La de que te hablé! – Continuaba susurrando. ¿Qué le pasaba a esta niña?
¿Si estaba soñando, porque todo parecía tan real? Podía sentir la brisa en su
cara, las hojas crujiendo debajo de ella, el aroma a pino. Esas cosas no
pasaban en sueños, ¿o sí? – Mirá, tengo una teoría… ¿Querés escucharla?
- Bueno,
está bien. – Estoy enloqueciendo, definitivamente.
- Creo
que ella quiere que me duerma para poder matarme, en el mundo real no tiene
poder, sólo me está asustando, no sé por qué me quiere a mí, nunca conocí a
ninguna niña como ella, además…estoy segura que ella…está…muerta, nadie la ve,
solo yo…
- ¿Y
qué pensás hacer? –Trataba de seguirle la corriente, no se le ocurría algo
mejor.
- Por
ahora…no dormir.- Suspiró- Estoy tan asustada. Pero voy a hacer que mamá me
crea, ya vas a ver.
- ¿Dónde
está tu mamá?
- Fueron
a caminar, ¿no te acordás? Dijiste que te quedabas acá mientras yo iba a las
hamacas a jugar. – “¿Fueron? O sea, que hay más.”
- No
me acuerdo nada, creo que me golpee fuerte. –Dijo Emilia, mientras se tocaba el
lado izquierdo de la cabeza, en cuanto lo hizo sintió un dolor punzante.
- Dejame
ver. – Se acercó y observó su cabeza.- Es solo un chichón. –Sonrío. Luego miró
alrededor, un poco alarmada. Luego la volvió a mirar a ella y sonrío
nuevamente.- Oh, casi lo olvidaba, tomé tu cámara prestada, perdón por no
avisarte, en cuanto vuelva mamá te la devolveré.
- Está
bien, Lucy. –“¿Lucy? ¿La llamé Lucy? ¿Cómo sé su nombre? Si es que es su
nombre…“ La niña no pareció inmutarse, así que sí, debía ser su
nombre. Ella miró hacia atrás repentinamente.
- Mirá,
ahí vienen. – Emilia miró hacia la dirección en donde miraba Lucy, y vio que se
acercaban una mujer, que debía ser la madre de Lucy y un anciano. El
abuelo de Lucy, tal vez. Cuando llegaron a donde estaban ellas, se
sentaron a su alrededor. La mujer dijo:
- ¿Todo
bien chicas? Este lugar es muy hermoso y pacífico ¿no? Te despeja la mente. –
Emilia asintió.
- Si
mamá, quiero mostrarte algo, Emilia, -la miró- abuelo, - miró al anciano-
vos también, ya es hora de que sepas. – La cara de la madre cambió completamente,
era una mezcla de susto y vergüenza. Tratando de simularlo dijo:
- Juegos
ahora no cariño, lo hablaremos en casa, ¿está bien?
- Oh
Norma querida, dejala, pobrecita. –Dijo el anciano, miró a su nieta y le guiñó
un ojo. Lucy le sonrío agradecida. Su madre suspiró.
- Está
bien. ¿Qué pasa hija?
- Tengo
pruebas mamá, ahora me vas a creer. – La madre estaba desconcertada. Emilia
también, el anciano parecía intrigado. Lucy extrajo de un bolsillo de su
campera la cámara de Emilia y la encendió:
- Acérquense.-
Dijo la niña. Y así lo hicieron, formaron un círculo alrededor de las manos de
Lucy que sostenía la cámara. Luego puso a reproducir un video. Y ahí es cuando
todo cambió, de repente, Emilia sintió que algo andaba mal, el corazón empezó a
latirle con fuerza, sentía que la observaban, se dio vuelta bruscamente y no
vio nada. Trató de tranquilizarse. - ¿Estás bien Emilia? – Lucy la miró con sus
hermosos ojos. Emilia asintió y miró hacia la cámara. La sensación empeoraba.
En el video se veía a Lucy hamacándose en una hamaca, se hamacaba cada
vez con más fuerza, las demás hamacas estaban desocupadas. Todo parecía
normal, pero no lo era, Emilia lo sentía. De repente, las hamacas que estaban
desocupadas empezaron a hamacarse solas, primero despacio, sin que Lucy lo
notara, Lucy había disminuido la velocidad, se hamacaba normalmente.
Luego las hamacas comenzaron a moverse violentamente, incluyendo en la que
estaba Lucy, que comenzó a gritar, pero no se escuchaban sus gritos, porque
parecía que había una interferencia, el video se escuchaba como lluvia, luego
gritos entrecortados. Lucy salió despedida de la hamaca, aterrizó en el suelo y
detrás de ella, se divisaba a una niña vestida de negro, con el pelo atado en dos
colas, no se podía ver más, se veía borroso. Luego todo paró y volvió a la
normalidad. Lucy se movió lentamente, después se arrastró hacia donde estaba la
cámara y cortó el video. Todos se quedaron en silencio. Nadie sabía
que decir. Emilia estaba aterrada, no podía dejar de sentirse observada,
comenzó a mirar para todos lados, compulsivamente.
- ¡No,
Emilia! No tenés que buscarla, no lo hagas. – Le dijo Lucy mientras tomaba su
cara entre sus manos y la miraba fijamente a los ojos. Luego de un segundo la
soltó. Pero Emilia no podía evitarlo y siguió mirando y mirando. La madre de
Lucy parecía petrificada y mirando a la nada, dijo lentamente:
- Tenemos
que irnos, se hace tarde. – Comenzó a levantarse, cuando Emilia vio algo, a lo
lejos entre los árboles había una niña, detrás de un árbol, instintivamente,
gritó:
- ¡Lucy,
ahí está, Lucy!
Pero cuando todos giraron para mirar en la dirección que
señalaba Emilia, la niña salió corriendo, detrás de ella corrían dos
niñas más. Solo eran niñas jugando. Solo eso. Estaba enloqueciendo, todo era
una locura, no podía ser real, era un sueño, no era más que eso, en cualquier
momento, despertaría en su cama se levantaría y se haría un café.
Entonces algo en la cara de la madre de Lucy cambió, su
expresión de desconcierto, era aterradora, tenía los ojos extremadamente
abiertos, Emilia nunca había visto una expresión tan espeluznante en su vida,
con solo mirarla su cuerpo se sacudió violentamente de miedo. El silencio que
había era sobrenatural. La mujer, levantó un brazo lentamente y señaló
detrás de Emilia, que no quería darse vuelta, porque ya sabía lo que vería y no
lo quería ver, pero sin pensarlo lo hizo…Entonces la vio…estaba lejos, no,
ahora más cerca…oh dios, se está acercando…Todos estaban clavados al
suelo, era horrible, era como estar atrapado, querer correr, gritar y no
poder. La niña…en las manos, llevaba, ¿tenía una escopeta? Emilia río
histéricamente y rompió el clima de shock. Lucy le tomó la mano y gritó que
corrieran. Entonces empezaron a correr por un sendero que cada vez se volvía
más oscuro, Lucy iba adelante tironeándola para que corriera más rápido,
Emilia sentía que las piernas le quemaban.
El sendero se dividió en dos, el de la derecha parecía estar más
iluminado, Emilia estaba desesperada y no se le ocurrió otra cosa que
gritar:
- ¡¿Izquierda
o derecha?! ¡¿Izquierda o derecha?!
Entonces escuchó la voz de la madre de Lucy que le contestaba:
- ¡Izquierda!
¡Izquierda! ¡Rápido!
Tomaron el camino de la izquierda, “¿Por qué lo
hicieron? Qué estúpida, es el camino más oscuro.” Todo se volvió
negro, Emilia ya no podía ni siquiera divisar a Lucy, que corría en frente de
ella. Pero algo ocurría, la mano de Lucy ya no era la mano de Lucy, era
otra cosa, algo viscoso, Emilia retiró la mano en seguida, pero algo la
tironeaba de las mangas de su suéter y lo retorcía, la llevaba hacia la
oscuridad. Entonces en una milésima de segundo entendió, que la voz que había
escuchado, no había sido de la madre de Lucy, había sido la niña. Ahora
entendía, no sabía cómo, ni por qué, pero entendía, la niña no quería a Lucy,
había usado a Lucy para llegar a ella y ella había caído en la trampa… Y ahora
la tironeaba, la llevaba. “Voy a morir. Estoy muriendo. Estoy muerta.”
Emilia sacudió los brazos violentamente, pero no podía
soltarse, entonces todo se aclaró de repente. Abrió los ojos y lo primero
que vio fue a Brendon que le hablaba, escuchaba ecos de su voz, pero no
entendía que le decía, intentó hablar pero no pudo. Luego lentamente comenzó a
recuperar los sentidos. Se sentó y se encontró en un camerín, a su lado
estaba Brendon.
- ¿Cómo
estás? – Le dijo. Emilia no podía creerlo.
- De
verdad, ¿sos vos? Estoy soñando. – Río, porque recién había estado en un bosque
con una niña loca que la perseguía con una escopeta.
- Creo
que sí, ¿vos que decís? – Le contestó sonriendo.
- ¿Qué
pasó? – Le preguntó Emilia
- Te
desmayaste. – Emilia abrió los ojos.
- ¡El
recital! – Exclamó, alarmada. Si habían suspendido el recital porque ella se
había desmayado no se lo perdonaría nunca.
- Ya
terminó. Era la última canción cuando te desmayaste, así que…- Le ofreció un
vaso de agua.
Se escuchó voces discutiendo en la puerta, que se abrió de
golpe, y entró Bianca, que parecía enfadada y asustada a la vez. Cuando
la vio, pareció no importarle que el cantante de la banda estaba
presente, se abalanzó sobre Emilia y la abrazó. Lo que pasó después, fue que se
rieron de lo sucedido, Emilia se tranquilizó pensando que se había golpeado la
cabeza y había soñado todo lo del bosque. Ya salían del camarín, con Bianca,
después de unos autógrafos. Fotos no porque extrañamente Emilia había
perdido su cámara…Seguro se le cayó entre el público. Mientras caminaban por el
pasillo, que estaba repleto de gente, Emilia metió sus manos en los bolsillos
de la campera, pensó que había sido un extraño día, entonces sintió algo en el
bolsillo izquierdo, lo sacó y era una cinta azul, se le cortó la respiración un
segundo, se detuvo, asustada. Miró hacia donde estaba su amiga Bianca, pero se
sobresaltó al ver que no era ella que la que estaba allí sino que se vio
a sí misma pero más alta, que la miró con rareza y le dijo con su voz:
- ¿Qué
te pasa Lucy?
Emilia, que ya no era Emilia, se miró vio que vestía un
vestido celeste, tenía las manos chiquitas. Gritó con todas sus fuerzas.
Entonces Lucy despertó, bañada en sudor, en la oscuridad de su habitación, no
pudo evitar sentir que alguien la observaba.

Wow Vera. Hace mucho que no leía tu blog, la verdad que tu evolución ha sido gigantesca. La trama, los personajes, los sutiles elementos que utilizas para que el lector se adentre en la historia son muy buenos. Beso y felicitaciones.
ResponderEliminarGracias Nico! c:
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