viernes, 5 de abril de 2013

Karla con "k" de quesera


Esto va dedicado a mis amigos, que cada día hacen mi vida más fácil de llevar.





Eran las nueve de la mañana y Karla abría su almacén como todos los días, excepto los domingos, que no abría. Era un almacén pequeño, pero que tenía casi de todo. La mañana estaba fresca, pero el sol asomaba entre las nubes, parecía que iba a ser un lindo día.

Subió las persianas y corrió las cortinas, encendió un rato el calefactor, que tenía detrás del mostrador y se sentó en una silla detrás de éste. Comenzó a anotar las cosas que le tenía que traer el proveedor. Que como si le leyera la mente, dos minutos después, entraba por la puerta.
-                     Buenos días Karlita. – Le dijo Esteban. Se conocían hace años. Era alto, delgado, barbudo y de unos cincuenta años.

-                     Buenos días Esteban.

-                     ¿Cómo va todo? – Preguntó él sonriendo.

-                     Bien, bien, ¿vos? – Karla anotaba lo último de la lista.

-                     Bien, linda mañana ¿eh? – Comentó Esteban sonriente, más alegre de lo normal, entusiasmado por algo que estaba desesperado por contar.

-                     Te ves muy animado, Esteban. – Le dijo ella.

-                     Mmm – Asintió. A Karla le recordó a su sobrino cuando tenía cuatro años y ella le preguntaba si quería alguna golosina, entonces el niño asentía moviendo la cabeza de arriba abajo salvajemente y luego decía “mmm”…- Voy a ser abuelo.

-                     Oh, ¿de verdad? – Silvia, la hija de Esteban, que tendría casi la edad de Karla, estaba casada con un hombre y habían intentado tener un bebé por unos años y no había dado resultado. - ¡Felicitaciones!- Karla se alegraba mucho.

-                     Silvia está contentísima y Felipe, imaginate…- Esteban entrelazó las manos contra el pecho y las movió adelante y hacia atrás mientras miraba hacia arriba.

-                     Y claro, después de todo este tiempo…Mandales mis saludos.

-                     Está bien.

-                     Acá te dejo la listita. – Esteban la tomó y la leyó.

-                     Bueno…para el lunes te traigo todo.  

-                     Buenísimo, nos vemos entonces. – Le contestó Karla. Esteban se despidió y se fue.

Karla se acordó de las cartas que había tomado apurada de la puerta del departamento y las había guardado en el saco, para revisarlas después, la mayoría serían cuentas y alguna que otra promoción de tarjeta de crédito. Las fue pasando, sin mucho interés, cuando vio una que le llamó la atención. Karla leyó la carta y una rara emoción comenzó a recorrerle el cuerpo.


Estimada Karla Medina:

                                             La invitamos a concurrir el día domingo 7 de Abril a una reunión de reencuentro de los alumnos egresados de la escuela Sargento Cabral 8va promoción, a las 17:00hs en Belgrano 8638. La esperamos.


Sus compañeros de la escuela secundaria.


Karla se sorprendió tanto que releyó la carta tres veces. No lo podía creer. Después de tantos años…Inmediatamente se le vinieron a la cabeza recuerdos de los que habían sido sus mejores amigos. Recordó las juntadas en la casa de Barbie, las fiestas descontroladas, las tardes en la plaza tomando mates…

Habían pasado quince años, pero hasta los detalles abundaban su mente. ¿Hace cuánto que no pensaba en ellos? Alan con sus chistes obscenos, Barbie y su hermosa voz, Braian y su pasión por los videojuegos, Mía y su risa contagiosa, Kevin tocando la guitarra…

Principalmente se acordó de ese día, el último que habían estado todos juntos…Habían ido a la casa de Kevin a la noche. Y Karla recordaba cuando se les quemó la comida en el horno y casi se incendia la cocina. Terminaron pidiendo comida y riendo tanto que Alan se le había salido la gaseosa por la nariz.

Recordó caminar esas tres cuadras hacia la playa para ver el amanecer. Estar sentados en la arena en semicírculo, Kevin tocando la guitarra, Barbie cantando, Alan molestándola  a Karla, como siempre, Braian tomando una cerveza.  Se vio a sí misma corriendo a Alan por la orilla de la playa y lanzándole arena. No pudo evitar sonreír al recordar eso.

Se acordó estar parada en la orilla, con las zapatillas colgando de los dedos de la mano derecha, con los ojos cerrados, sintiendo el agua acariciándole los pies. Cuando, minutos después, Kevin se había parado a su lado y en silencio le revolvía el pelo, cosa que siempre hacía en momentos como ese. Tampoco pudo evitar sentir un nudo en la garganta. Kevin le había pedido que volvieran a donde estaba los demás y así lo hicieron. Entonces, cuando estaban todos en grupos, tomó una botella de cerveza y con un destapador de botellas la golpeó haciendo un ruido fuerte, imitando a alguien que quiere iniciar un discurso en una cena formal. Sonriendo había dicho:


-                     Amigos, hoy ha sido uno de los mejores días de mi vida. – Todos lo habían mirado enternecidos. Entonces Braian había lanzado un suspiro y luego un “aaaaaaaah” rompiendo el momento sentimental y Alan lo había seguido haciéndose el que lloraba histéricamente. Karla les había dicho que se callaran y entonces Alan le había contestado:
-                     Callate vos, Karla con “k” de quesera. – Y todos incluyendo a Karla, habían estallado en risas. No tenía sentido, pero reían sin parar porque ya estaban un poco borrachos.

Entonces, cuando las risas se fueron apagando Kevin agregó:

-                     Chicos, en serio, después de la graduación seguiremos todos juntos ¿verdad? – Y Alan, a pesar de estar borracho, contestó seriamente y con toda sinceridad:

-                     Claro que sí, tendrás que aguantarnos hasta que seamos viejos y nos hagamos pis encima. – Y todos comenzaron a reír nuevamente, mientras afirmaban lo dicho por Alan.


A Karla se le habían llenado los ojos de lágrimas y agradeció que no hubiera entrado ningún cliente cuando lloraba desconsoladamente. Y se preguntó, una vez más, ¿cómo hubieran sido las cosas si Kevin no se hubiera quitado la vida? ¿Cómo sería su aspecto de hombre de treinta años y tres? ¿Cómo haría para estar con las mejores personas que había conocido sin recordar a Kevin? Pero iría, por más duro que fuese. Habían pasado quince años…todos tendrían mucho que contar, no era necesario recordar malos momentos. 

Después de lo de Kevin, todos se habían distanciado, cada uno había ido a una universidad, o a trabajar en algún lugar. No podían estar juntos sin sentir esa ausencia y ese dolor. Al parecer, Kevin sufría depresión desde principios de su adolescencia, cosa que ninguno de ellos se había enterado mientras Kevin vivía.  Ni siquiera ella, Karla, su mejor amiga, aunque lo había sospechado, lo admitía pero nunca creyó que fuera tan grave. Y simplemente el tiempo había pasado, cada uno había hecho su propia vida.


El lunes, Karla se bajaba del colectivo y caminaba tres cuadras hasta el lugar de la reunión. Había llegado cinco en punto. El salón era chico, había unas cuantas mesas con platos que contenían masas dulces. La recibió una mujer  de ojos marrones y pelo castaño. Reconoció que era Cristina, una de sus ex compañeras y notó que le sobraban unos kilos, nada exagerado, ella siempre había sido rellenita. Cristina la saludó alegremente y le indicó que se sentara donde quisiese. Luego se había alejado para recibir a otras personas que entraban detrás de Karla.


Karla buscó con la mirada a alguien. Por un segundo, el miedo de que sus amigos estuvieran tan cambiados y no poder reconocerlos la puso más nerviosa de lo que estaba, pero al ver a Alan sentado fumando un cigarrillo, distraído, se tranquilizó. Se acercó hacia él, que no notó su presencia hasta que ella se estuvo a su lado.

-                     ¡Karla! Por dios, tanto tiempo – Alan la abrazó. - ¿Cómo estás?

-                     Bien. – Ella se sentó a su lado, notó que Alan se había dejado la barba y el pelo corto (en su adolescencia siempre lo usaba largo)- ¿Vos?

-                     Bien. – Se acercó a ella para susurrarle algo.- ¿Has visto a Cristina? ¡Si que está gorda! – Soltó una risita.

-                     Alan, no has cambiado nada. – Dijo Karla riendo.

-                     Amigo, ¿qué te has hecho en el pelo? – Una voz interrumpió la conversación de Karla y Alan, que se giraron hacia donde provenía el sonido. Y vieron nada más y nada menos que a Braian, que sonreía.

-                     ¡Braian! Vení,  sentate, estaba por contarle a Karla que…

La tarde se pasó rápido, todo fue muy emocionante, hacía mucho que Karla no se divertía así, todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba.  Hablaron de sus vidas, algunos de sus hijos, otros de sus trabajos, otros recordaban alguna que otra anécdota. Mía se había recibido de psicóloga, Alan era profesor de historia en la universidad, Barbie era maestra jardinera y además cantaba en una banda en su tiempo libre. Braian trabajaba en un diario, escribiendo columnas. Todos habían asistido al evento y Karla escuchó las historias de sus compañeros de los que apenas se acordaba, algunos estaban irreconocibles.

Cuando llegó el momento de despedirse, Alan sugirió a sus cuatro amigos, invitarlos a su casa a cenar. Todos aceptaron y se dirigieron hacia allí.


Conocieron a la esposa de Alan, una mujer muy bonita y simpática que les preparó una cena espectacular, y a la pequeña Clara, de seis años, que era igual a su padre. Alan era el único que había tenido hijos hasta ahora.

Después de la cena, se sentaron todos en el living. Mientras tomaban café, Alan miró a Karla de una forma familiar y dijo:

-                     Karla con k de quesera. – Y todos rieron, menos Patricia, la esposa de Alan, que no entendía de qué hablaban y sonrío incómoda.

-                     Deberías pasar por mi almacén, tengo muchos quesos, de toda variedad. – Contestó Karla y todos siguieron riendo. Alan con la voz ahogada por la risa dijo que lo haría. Patricia se excusó, incómoda y salió de la habitación.

Entonces el momento que Karla había temido, ocurrió, Mía dijo:

-                     A veces pienso en él…tengo pacientes con depresión muy a menudo. – Todos se quedaron en silencio y Mía  se llevó la taza de café a los labios. Entonces Barbie dijo:

-                     Yo le escribí una canción…hace unos años.- La tensión levitaba en el ambiente, hasta que Barbie comenzó a cantar…La letra era hermosa y no era triste, la dulce voz de Barbie bastó para que, al terminar la canción, la tensión hubiese desaparecido. Todos se miraron en silencio y sonrieron. Entonces Alan contó una anécdota graciosa sobre Kevin y Braian contó otra y Mía otra y todos volvieron a reír.  Luego solo se oía el tintineo de las tazas y las cucharas. Entonces Karla volvió a sentir el agua en sus pies y Kevin que la despeinaba en silencio. Recordó lo que iba a hacer ese día que nunca había hecho.


Y eso fue todo. Se despidieron de Patricia, Clara se había dormido, luego de Alan. Se abrazaron todos y el abrazo fue largo. Mía alcanzó a Karla hasta su departamento, volvió a abrazarla al momento de irse y le dijo que la llamaría.


Y cuando Karla entró a su departamento y se echó en el sofá con los ojos cerrados, volvió a sentir el mar en sus pies, a Kevin revolviéndole el pelo, a Kevin acercándose a su oreja y susurrándole un “te amo”.  Ella le susurraba que ella también lo amaba. Pero eso nunca había pasado. Porque ella no se había animado a decirle que lo amaba y volvió a detestarse una vez más, por haber sido tan cobarde. Y una vez más volvió a preguntarse si Kevin se habría suicidado si ella se lo hubiera dicho. Y aunque si eso no hubiera sido suficiente, a Karla si le hubiera bastado con que él muriese sabiendo cuánto lo amaba.


Sólo se vive una vez. La vida pasa y no se detiene, y no sabés cuando se puede acabar. Disfruta cada día como si se acabase mañana.








jueves, 4 de abril de 2013

La niña








Era el día más frío de ese invierno, el pronóstico decía que era muy probable que nevara en unas horas, lo cual era muy raro en la zona en la que vivía Emilia, ya que era muy cerca del mar, el clima era más húmedo. Pero hoy era distinto, hoy era un día raro, o especial, prefirió pensar Emilia, “hoy va a ser especial”.  Era temprano, pero ella ya se estaba preparando, no porque tardara tanto en prepararse, sino porque estaba ansiosa. Normalmente una chica de su edad se prepararía o se sentiría así antes de ir a una cita, pero ella no era una chica de ese tipo, simplemente no era una chica con la que un chico normal querría salir. Pero ella no se sentía mal, no le molestaba para nada, porque ahora estaba ansiosa y feliz,  hoy iba a ser la mejor noche de su vida.  Tal vez su “cita” no era con un lindo chico idiota al que solo le importaba sí mismo, como con los que salían sus compañeras en la escuela, no, “su cita” era aún mejor, era el recital de su banda favorita,  era ver en persona, aunque sea de lejos, al hombre que se había convertido en un ejemplo en su vida, en su ídolo, en su todo: Brendon.  Y por supuesto, escuchar su música en vivo, tanto había esperado por eso. ¿Cuántas noches se había dormido imaginando estar entre la gente escuchando su tema favorito de ellos, con Brendon a tan solo metros de ella, hasta había imaginado como estaba vestido, y la hacía subir al escenario? No es que ahora estaba pensando en eso, bueno en realidad sí, pero no creía que fuera posible tanto, aunque en realidad sí, lo esperaba, lo deseaba más que nunca. Allí iba a haber cientos de personas deseando y esperando lo mismo que ella. “Sería demasiada suerte”.  Pero con ir le bastaba, le había costado tanto, no solo el dinero, convencer a mamá, a papá, eso ya era mucho, y a su amiga Bianca para que la acompañara, sacar buenas notas y trabajar una semana en un local de ropa femenina, donde iban señoras gordas que se probaban prendas apretadas que les marcaban todos los rollos y luego les preguntaban a ella, si les quedaba bien. Eso era incómodo, pero lo peor era cuando se enojaban porque no les entraba nada, algunas les echaban la culpa a las prendas,  otras a las empleadas (por suerte a ella nunca le pasó eso) Y algunas empezaban a los llantos, como niñas caprichosas.


  Se había cambiado todo tres veces, menos la remera de la banda, eso era esencial, y se quedó con lo primero que se había puesto.  Se miró al espejo, se arregló un poco más el maquillaje, porque se había maquillado demasiado.  Y a los diez minutos llegó Bianca, que al parecer estaba muy animada.  Luego se enteró que no era por el recital sino porque iba un chico que le gustaba. Se fueron enseguida porque el papá de Bianca las esperaba en el auto. Saludó a su madre, su padre estaba trabajando, que le dijo que la llamara cuando llegara y que tuviera cuidado y esas cosas que siempre dicen las madres.


En el auto, el padre de Bianca puso la radio y cantaron todo el camino. Cuando llegaron se despidieron del papá de Bianca, que les dijo que las pasaría a buscar después y se pusieron en la cola para entrar al recital, en la que estuvieron aproximadamente cuarenta minutos.  Al entrar ambas se miraron con la boca abierta, el lugar era enorme, en el escenario había personas conectando los instrumentos, probando sonido y esas cosas.  La mayoría del público eran adolescentes, como ellas y entraban corriendo al lugar, algunos gritando de felicidad. Consiguieron un lugar bastante cerca del escenario.  

La espera de la banda fue casi eterna, todo el público estaba emocionado y gritaba “Brendon” y el nombre de la banda para que salieran.  Y al fin, cuando sucedió, todo fue mágico, como un sueño.  Emilia cantó todos los temas, saltó y gritó de felicidad.


Había llegado el momento en el que Brendon hacía subir a alguien del público al escenario, y cuando Brendon la señaló a ella, la miró, le hizo señas para que subiera y todos comenzaron a empujarla hacia las escaleras, todo se volvió tan confuso. Sería por la sorpresa, porque no podía creer lo que estaba pasando, que cuando estuvo a su lado, tan cerca, Emilia comenzó a marearse, todo empezó a darle vueltas y antes de sentir que se caía en un hoyo negro, profundo, sin fin, vio como Brendon se le acercaba, le preguntaba si se sentía bien mientras la rodeaba con los brazos para detener la caída de su cuerpo inconsciente.


Cuando Emilia abrió los ojos ya no estaba en el escenario, ni el recital, ni en su casa, ni en un hospital, se encontraba en un bosque.  “Seguramente estoy soñando” pensó.  Se sentó, observó alrededor, encontró una canasta y un mantel estirado en el suelo. Un picnic. El lugar no parecía ser conocido, concluyó que nunca había estado ahí. No veía a nadie alrededor.  Hasta que divisó algo que se acercaba, algo pequeño, ¿una niña? Sí, y venía corriendo hacia ella.  Al llegar a donde Emilia estaba, la pudo observar mejor. Aparentaba unos diez años, tenía el pelo largo y negro, bien peinado hacia atrás, con una cinta color azul arriba de la cabeza y luego el pelo le caía delicadamente.  Tenía los ojos marrones bien abiertos y respiraba agitadamente, parecía estar aterrada.  Su carita era redonda y tenía unos cachetes muy tiernos. Vestía un vestido celeste que le llegaba hasta las rodillas. Emilia la miró con desconcierto.


-          ¡Emilia! ¡Emilia! – Se abalanzó sobre ella y la abrazó.- Pa...pa..só de…de nuevo, la…la vi, estaba… detrás de mí…y…luego…-Comenzó a llorar, Emilia no sabía qué hacer, nunca había visto a esa niña en su vida, no entendía cómo podía saber su nombre.  Luego de unos minutos, la niña se desprendió de ella y se sentó en frente suyo. Mientras se limpiaba las lágrimas le dijo:
-          Mi madre no me cree, vos sos la única que me escucha Emilia. –Emilia asintió, no sabía si seguirle la corriente o preguntarle qué estaba pasando. – Emilia, ¿te pasa algo? Estás rara.

-          Creo que me desmayé y me golpeé la cabeza.- La niña abrió más los ojos y luego la boca, como si hubiera visto un fantasma.

-          ¿No te dormiste verdad? ¡Decime que no te dormiste!

-          Yo…

-          ¡Emilia! ¡No podemos dormir! Ya sabes lo que podría pasar….-Miró a los lados, como si temiese que alguien la escuchara, y luego continuó, susurrando- ella, se mete en nuestras mentes.

-          ¿Quién?

-          ¡La niña! ¡La de que te hablé! – Continuaba susurrando. ¿Qué le pasaba a esta niña? ¿Si estaba soñando, porque todo parecía tan real? Podía sentir la brisa en su cara, las hojas crujiendo debajo de ella, el aroma a pino. Esas cosas no pasaban en sueños, ¿o sí? – Mirá, tengo una teoría… ¿Querés escucharla?

-          Bueno, está bien. – Estoy enloqueciendo, definitivamente.
-          Creo que ella quiere que me duerma para poder matarme, en el mundo real no tiene poder, sólo me está asustando, no sé por qué me quiere a mí, nunca conocí a ninguna niña como ella, además…estoy segura que ella…está…muerta, nadie la ve, solo yo…

-          ¿Y qué pensás hacer? –Trataba de seguirle la corriente, no se le ocurría algo mejor.

-          Por ahora…no dormir.- Suspiró- Estoy tan asustada. Pero voy a hacer que mamá me crea, ya vas a ver.

-          ¿Dónde está tu mamá?

-          Fueron a caminar, ¿no te acordás? Dijiste que te quedabas acá mientras yo iba a las hamacas a jugar. – “¿Fueron? O sea, que hay más.”
-          No me acuerdo nada, creo que me golpee fuerte. –Dijo Emilia, mientras se tocaba el lado izquierdo de la cabeza, en cuanto lo hizo sintió un dolor punzante.

-          Dejame ver. – Se acercó y observó su cabeza.- Es solo un chichón. –Sonrío. Luego miró alrededor, un poco alarmada. Luego la volvió a mirar a ella y sonrío nuevamente.- Oh, casi lo olvidaba, tomé tu cámara prestada, perdón por no avisarte, en cuanto vuelva mamá te la devolveré.

-          Está bien, Lucy. –“¿Lucy? ¿La llamé Lucy? ¿Cómo sé su nombre? Si es que es su nombre…“ La niña no pareció inmutarse, así que sí, debía ser su nombre. Ella miró hacia atrás repentinamente.

-          Mirá, ahí vienen. – Emilia miró hacia la dirección en donde miraba Lucy, y vio que se acercaban una mujer, que debía ser la madre de Lucy y un anciano.  El abuelo de Lucy, tal vez.  Cuando llegaron a donde estaban ellas, se sentaron a su alrededor. La mujer dijo:

-          ¿Todo bien chicas? Este lugar es muy hermoso y pacífico ¿no? Te despeja la mente. – Emilia asintió.

-          Si mamá, quiero mostrarte algo, Emilia, -la miró- abuelo, - miró al anciano-  vos también, ya es hora de que sepas. – La cara de la madre cambió completamente, era una mezcla de susto y vergüenza. Tratando de simularlo dijo:

-          Juegos ahora no cariño, lo hablaremos en casa, ¿está bien?

-          Oh Norma querida, dejala, pobrecita. –Dijo el anciano, miró a su nieta y le guiñó un ojo. Lucy le sonrío agradecida. Su madre suspiró.

-          Está bien. ¿Qué pasa hija?

-          Tengo pruebas mamá, ahora me vas a creer. – La madre estaba desconcertada. Emilia también, el anciano parecía intrigado. Lucy extrajo de un bolsillo de su campera la cámara de Emilia y la encendió:

-          Acérquense.- Dijo la niña. Y así lo hicieron, formaron un círculo alrededor de las manos de Lucy que sostenía la cámara. Luego puso a reproducir un video. Y ahí es cuando todo cambió, de repente, Emilia sintió que algo andaba mal, el corazón empezó a latirle con fuerza, sentía que la observaban, se dio vuelta bruscamente y no vio nada. Trató de tranquilizarse. - ¿Estás bien Emilia? – Lucy la miró con sus hermosos ojos. Emilia asintió y miró hacia la cámara. La sensación empeoraba.  En el video se veía a Lucy hamacándose en una hamaca, se hamacaba cada vez con más fuerza, las demás hamacas estaban desocupadas.  Todo parecía normal, pero no lo era, Emilia lo sentía. De repente, las hamacas que estaban desocupadas empezaron a hamacarse solas, primero despacio, sin que Lucy lo notara, Lucy había disminuido la velocidad, se hamacaba normalmente.  Luego las hamacas comenzaron a moverse violentamente, incluyendo en la que estaba Lucy, que comenzó a gritar, pero no se escuchaban sus gritos, porque parecía que había una interferencia, el video se escuchaba como lluvia, luego gritos entrecortados. Lucy salió despedida de la hamaca, aterrizó en el suelo y detrás de ella, se divisaba a una niña vestida de negro, con el pelo atado en dos colas, no se podía ver más, se veía borroso. Luego todo paró y volvió a la normalidad. Lucy se movió lentamente, después se arrastró hacia donde estaba la cámara y cortó el video. Todos se quedaron  en silencio.  Nadie sabía que decir. Emilia estaba aterrada, no podía dejar de sentirse observada, comenzó a mirar para todos lados, compulsivamente.


-          ¡No, Emilia! No tenés que buscarla, no lo hagas. – Le dijo Lucy mientras tomaba su cara entre sus manos y la miraba fijamente a los ojos. Luego de un segundo la soltó. Pero Emilia no podía evitarlo y siguió mirando y mirando. La madre de Lucy parecía petrificada y mirando a la nada, dijo lentamente:


-          Tenemos que irnos, se hace tarde. – Comenzó a levantarse, cuando Emilia vio algo, a lo lejos entre los árboles había una niña, detrás de un árbol, instintivamente, gritó:

-          ¡Lucy, ahí está, Lucy!

Pero cuando todos giraron para mirar en la dirección que señalaba Emilia, la niña salió corriendo,  detrás de ella corrían dos niñas más. Solo eran niñas jugando. Solo eso. Estaba enloqueciendo, todo era una locura, no podía ser real, era un sueño, no era más que eso, en cualquier momento, despertaría en su cama se levantaría y se haría un café.

Entonces algo en la cara de la madre de Lucy cambió,  su expresión de desconcierto, era aterradora, tenía los ojos extremadamente abiertos, Emilia nunca había visto una expresión tan espeluznante en su vida, con solo mirarla su cuerpo se sacudió violentamente de miedo. El silencio que había era sobrenatural.  La mujer, levantó un brazo lentamente y señaló detrás de Emilia, que no quería darse vuelta, porque ya sabía lo que vería y no lo quería ver, pero sin pensarlo lo hizo…Entonces la vio…estaba lejos, no, ahora más cerca…oh dios, se está acercando…Todos estaban clavados al suelo, era horrible, era como estar atrapado, querer correr, gritar y no poder.  La niña…en las manos, llevaba, ¿tenía una escopeta? Emilia río histéricamente y rompió el clima de shock. Lucy le tomó la mano y gritó que corrieran. Entonces empezaron a correr por un sendero que cada vez se volvía más oscuro,  Lucy iba adelante tironeándola para que corriera más rápido, Emilia sentía que las piernas le quemaban.

El sendero se dividió en dos, el de la derecha parecía estar más iluminado,  Emilia estaba desesperada y no se le ocurrió otra cosa que gritar:

-          ¡¿Izquierda o derecha?! ¡¿Izquierda o derecha?!

Entonces escuchó la voz de la madre de Lucy que le contestaba:

-          ¡Izquierda! ¡Izquierda! ¡Rápido!


Tomaron el camino de la izquierda, “¿Por qué lo hicieron? Qué estúpida, es el camino más oscuro.”  Todo se volvió negro, Emilia ya no podía ni siquiera divisar a Lucy, que corría en frente de ella.  Pero algo ocurría, la mano de Lucy ya no era la mano de Lucy, era otra cosa, algo viscoso,  Emilia retiró la mano en seguida, pero algo la tironeaba de las mangas de su suéter y lo retorcía, la llevaba hacia la oscuridad. Entonces en una milésima de segundo entendió, que la voz que había escuchado, no había sido de la madre de Lucy,  había sido la niña. Ahora entendía, no sabía cómo, ni por qué, pero entendía, la niña no quería a Lucy, había usado a Lucy para llegar a ella y ella había caído en la trampa… Y ahora la tironeaba, la llevaba. “Voy a morir. Estoy muriendo. Estoy muerta.”

Emilia  sacudió los brazos violentamente, pero no podía soltarse, entonces todo se aclaró de repente.  Abrió los ojos y lo primero que vio fue a Brendon que le hablaba, escuchaba ecos de su voz, pero no entendía que le decía, intentó hablar pero no pudo. Luego lentamente comenzó a recuperar los sentidos.  Se sentó y se encontró en un camerín, a su lado estaba Brendon.


-          ¿Cómo estás? – Le dijo. Emilia no podía creerlo.

-          De verdad, ¿sos vos? Estoy soñando. – Río, porque recién había estado en un bosque con una niña loca que la perseguía con una escopeta.

-          Creo que sí, ¿vos que decís? – Le contestó sonriendo.

-          ¿Qué pasó? – Le preguntó Emilia

-          Te desmayaste. – Emilia abrió los ojos.

-          ¡El recital! – Exclamó, alarmada. Si habían suspendido el recital porque ella se había desmayado no se lo perdonaría nunca.

-          Ya terminó. Era la última canción cuando te desmayaste, así que…- Le ofreció un vaso de agua.


Se escuchó voces discutiendo en la puerta, que se abrió de golpe, y entró Bianca, que parecía enfadada y asustada a la vez.  Cuando la vio, pareció no importarle que el cantante de la banda estaba  presente, se abalanzó sobre Emilia y la abrazó. Lo que pasó después, fue que se rieron de lo sucedido, Emilia se tranquilizó pensando que se había golpeado la cabeza y había soñado todo lo del bosque. Ya salían del camarín, con Bianca, después de unos autógrafos.  Fotos no porque extrañamente Emilia había perdido su cámara…Seguro se le cayó entre el público. Mientras caminaban por el pasillo, que estaba repleto de gente, Emilia metió sus manos en los bolsillos de la campera, pensó que había sido un extraño día, entonces sintió algo en el bolsillo izquierdo, lo sacó y era una cinta azul, se le cortó la respiración un segundo, se detuvo, asustada. Miró hacia donde estaba su amiga Bianca, pero se sobresaltó al ver que no era ella que la que estaba allí sino que  se vio a sí misma pero más alta, que la miró con rareza y le dijo con su voz:

-          ¿Qué te pasa Lucy?


 Emilia, que ya no era Emilia, se miró vio que vestía un vestido celeste, tenía las manos chiquitas. Gritó con todas sus fuerzas. Entonces Lucy despertó, bañada en sudor, en la oscuridad de su habitación, no pudo evitar sentir que alguien la observaba.