viernes, 5 de abril de 2013

Karla con "k" de quesera


Esto va dedicado a mis amigos, que cada día hacen mi vida más fácil de llevar.





Eran las nueve de la mañana y Karla abría su almacén como todos los días, excepto los domingos, que no abría. Era un almacén pequeño, pero que tenía casi de todo. La mañana estaba fresca, pero el sol asomaba entre las nubes, parecía que iba a ser un lindo día.

Subió las persianas y corrió las cortinas, encendió un rato el calefactor, que tenía detrás del mostrador y se sentó en una silla detrás de éste. Comenzó a anotar las cosas que le tenía que traer el proveedor. Que como si le leyera la mente, dos minutos después, entraba por la puerta.
-                     Buenos días Karlita. – Le dijo Esteban. Se conocían hace años. Era alto, delgado, barbudo y de unos cincuenta años.

-                     Buenos días Esteban.

-                     ¿Cómo va todo? – Preguntó él sonriendo.

-                     Bien, bien, ¿vos? – Karla anotaba lo último de la lista.

-                     Bien, linda mañana ¿eh? – Comentó Esteban sonriente, más alegre de lo normal, entusiasmado por algo que estaba desesperado por contar.

-                     Te ves muy animado, Esteban. – Le dijo ella.

-                     Mmm – Asintió. A Karla le recordó a su sobrino cuando tenía cuatro años y ella le preguntaba si quería alguna golosina, entonces el niño asentía moviendo la cabeza de arriba abajo salvajemente y luego decía “mmm”…- Voy a ser abuelo.

-                     Oh, ¿de verdad? – Silvia, la hija de Esteban, que tendría casi la edad de Karla, estaba casada con un hombre y habían intentado tener un bebé por unos años y no había dado resultado. - ¡Felicitaciones!- Karla se alegraba mucho.

-                     Silvia está contentísima y Felipe, imaginate…- Esteban entrelazó las manos contra el pecho y las movió adelante y hacia atrás mientras miraba hacia arriba.

-                     Y claro, después de todo este tiempo…Mandales mis saludos.

-                     Está bien.

-                     Acá te dejo la listita. – Esteban la tomó y la leyó.

-                     Bueno…para el lunes te traigo todo.  

-                     Buenísimo, nos vemos entonces. – Le contestó Karla. Esteban se despidió y se fue.

Karla se acordó de las cartas que había tomado apurada de la puerta del departamento y las había guardado en el saco, para revisarlas después, la mayoría serían cuentas y alguna que otra promoción de tarjeta de crédito. Las fue pasando, sin mucho interés, cuando vio una que le llamó la atención. Karla leyó la carta y una rara emoción comenzó a recorrerle el cuerpo.


Estimada Karla Medina:

                                             La invitamos a concurrir el día domingo 7 de Abril a una reunión de reencuentro de los alumnos egresados de la escuela Sargento Cabral 8va promoción, a las 17:00hs en Belgrano 8638. La esperamos.


Sus compañeros de la escuela secundaria.


Karla se sorprendió tanto que releyó la carta tres veces. No lo podía creer. Después de tantos años…Inmediatamente se le vinieron a la cabeza recuerdos de los que habían sido sus mejores amigos. Recordó las juntadas en la casa de Barbie, las fiestas descontroladas, las tardes en la plaza tomando mates…

Habían pasado quince años, pero hasta los detalles abundaban su mente. ¿Hace cuánto que no pensaba en ellos? Alan con sus chistes obscenos, Barbie y su hermosa voz, Braian y su pasión por los videojuegos, Mía y su risa contagiosa, Kevin tocando la guitarra…

Principalmente se acordó de ese día, el último que habían estado todos juntos…Habían ido a la casa de Kevin a la noche. Y Karla recordaba cuando se les quemó la comida en el horno y casi se incendia la cocina. Terminaron pidiendo comida y riendo tanto que Alan se le había salido la gaseosa por la nariz.

Recordó caminar esas tres cuadras hacia la playa para ver el amanecer. Estar sentados en la arena en semicírculo, Kevin tocando la guitarra, Barbie cantando, Alan molestándola  a Karla, como siempre, Braian tomando una cerveza.  Se vio a sí misma corriendo a Alan por la orilla de la playa y lanzándole arena. No pudo evitar sonreír al recordar eso.

Se acordó estar parada en la orilla, con las zapatillas colgando de los dedos de la mano derecha, con los ojos cerrados, sintiendo el agua acariciándole los pies. Cuando, minutos después, Kevin se había parado a su lado y en silencio le revolvía el pelo, cosa que siempre hacía en momentos como ese. Tampoco pudo evitar sentir un nudo en la garganta. Kevin le había pedido que volvieran a donde estaba los demás y así lo hicieron. Entonces, cuando estaban todos en grupos, tomó una botella de cerveza y con un destapador de botellas la golpeó haciendo un ruido fuerte, imitando a alguien que quiere iniciar un discurso en una cena formal. Sonriendo había dicho:


-                     Amigos, hoy ha sido uno de los mejores días de mi vida. – Todos lo habían mirado enternecidos. Entonces Braian había lanzado un suspiro y luego un “aaaaaaaah” rompiendo el momento sentimental y Alan lo había seguido haciéndose el que lloraba histéricamente. Karla les había dicho que se callaran y entonces Alan le había contestado:
-                     Callate vos, Karla con “k” de quesera. – Y todos incluyendo a Karla, habían estallado en risas. No tenía sentido, pero reían sin parar porque ya estaban un poco borrachos.

Entonces, cuando las risas se fueron apagando Kevin agregó:

-                     Chicos, en serio, después de la graduación seguiremos todos juntos ¿verdad? – Y Alan, a pesar de estar borracho, contestó seriamente y con toda sinceridad:

-                     Claro que sí, tendrás que aguantarnos hasta que seamos viejos y nos hagamos pis encima. – Y todos comenzaron a reír nuevamente, mientras afirmaban lo dicho por Alan.


A Karla se le habían llenado los ojos de lágrimas y agradeció que no hubiera entrado ningún cliente cuando lloraba desconsoladamente. Y se preguntó, una vez más, ¿cómo hubieran sido las cosas si Kevin no se hubiera quitado la vida? ¿Cómo sería su aspecto de hombre de treinta años y tres? ¿Cómo haría para estar con las mejores personas que había conocido sin recordar a Kevin? Pero iría, por más duro que fuese. Habían pasado quince años…todos tendrían mucho que contar, no era necesario recordar malos momentos. 

Después de lo de Kevin, todos se habían distanciado, cada uno había ido a una universidad, o a trabajar en algún lugar. No podían estar juntos sin sentir esa ausencia y ese dolor. Al parecer, Kevin sufría depresión desde principios de su adolescencia, cosa que ninguno de ellos se había enterado mientras Kevin vivía.  Ni siquiera ella, Karla, su mejor amiga, aunque lo había sospechado, lo admitía pero nunca creyó que fuera tan grave. Y simplemente el tiempo había pasado, cada uno había hecho su propia vida.


El lunes, Karla se bajaba del colectivo y caminaba tres cuadras hasta el lugar de la reunión. Había llegado cinco en punto. El salón era chico, había unas cuantas mesas con platos que contenían masas dulces. La recibió una mujer  de ojos marrones y pelo castaño. Reconoció que era Cristina, una de sus ex compañeras y notó que le sobraban unos kilos, nada exagerado, ella siempre había sido rellenita. Cristina la saludó alegremente y le indicó que se sentara donde quisiese. Luego se había alejado para recibir a otras personas que entraban detrás de Karla.


Karla buscó con la mirada a alguien. Por un segundo, el miedo de que sus amigos estuvieran tan cambiados y no poder reconocerlos la puso más nerviosa de lo que estaba, pero al ver a Alan sentado fumando un cigarrillo, distraído, se tranquilizó. Se acercó hacia él, que no notó su presencia hasta que ella se estuvo a su lado.

-                     ¡Karla! Por dios, tanto tiempo – Alan la abrazó. - ¿Cómo estás?

-                     Bien. – Ella se sentó a su lado, notó que Alan se había dejado la barba y el pelo corto (en su adolescencia siempre lo usaba largo)- ¿Vos?

-                     Bien. – Se acercó a ella para susurrarle algo.- ¿Has visto a Cristina? ¡Si que está gorda! – Soltó una risita.

-                     Alan, no has cambiado nada. – Dijo Karla riendo.

-                     Amigo, ¿qué te has hecho en el pelo? – Una voz interrumpió la conversación de Karla y Alan, que se giraron hacia donde provenía el sonido. Y vieron nada más y nada menos que a Braian, que sonreía.

-                     ¡Braian! Vení,  sentate, estaba por contarle a Karla que…

La tarde se pasó rápido, todo fue muy emocionante, hacía mucho que Karla no se divertía así, todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba.  Hablaron de sus vidas, algunos de sus hijos, otros de sus trabajos, otros recordaban alguna que otra anécdota. Mía se había recibido de psicóloga, Alan era profesor de historia en la universidad, Barbie era maestra jardinera y además cantaba en una banda en su tiempo libre. Braian trabajaba en un diario, escribiendo columnas. Todos habían asistido al evento y Karla escuchó las historias de sus compañeros de los que apenas se acordaba, algunos estaban irreconocibles.

Cuando llegó el momento de despedirse, Alan sugirió a sus cuatro amigos, invitarlos a su casa a cenar. Todos aceptaron y se dirigieron hacia allí.


Conocieron a la esposa de Alan, una mujer muy bonita y simpática que les preparó una cena espectacular, y a la pequeña Clara, de seis años, que era igual a su padre. Alan era el único que había tenido hijos hasta ahora.

Después de la cena, se sentaron todos en el living. Mientras tomaban café, Alan miró a Karla de una forma familiar y dijo:

-                     Karla con k de quesera. – Y todos rieron, menos Patricia, la esposa de Alan, que no entendía de qué hablaban y sonrío incómoda.

-                     Deberías pasar por mi almacén, tengo muchos quesos, de toda variedad. – Contestó Karla y todos siguieron riendo. Alan con la voz ahogada por la risa dijo que lo haría. Patricia se excusó, incómoda y salió de la habitación.

Entonces el momento que Karla había temido, ocurrió, Mía dijo:

-                     A veces pienso en él…tengo pacientes con depresión muy a menudo. – Todos se quedaron en silencio y Mía  se llevó la taza de café a los labios. Entonces Barbie dijo:

-                     Yo le escribí una canción…hace unos años.- La tensión levitaba en el ambiente, hasta que Barbie comenzó a cantar…La letra era hermosa y no era triste, la dulce voz de Barbie bastó para que, al terminar la canción, la tensión hubiese desaparecido. Todos se miraron en silencio y sonrieron. Entonces Alan contó una anécdota graciosa sobre Kevin y Braian contó otra y Mía otra y todos volvieron a reír.  Luego solo se oía el tintineo de las tazas y las cucharas. Entonces Karla volvió a sentir el agua en sus pies y Kevin que la despeinaba en silencio. Recordó lo que iba a hacer ese día que nunca había hecho.


Y eso fue todo. Se despidieron de Patricia, Clara se había dormido, luego de Alan. Se abrazaron todos y el abrazo fue largo. Mía alcanzó a Karla hasta su departamento, volvió a abrazarla al momento de irse y le dijo que la llamaría.


Y cuando Karla entró a su departamento y se echó en el sofá con los ojos cerrados, volvió a sentir el mar en sus pies, a Kevin revolviéndole el pelo, a Kevin acercándose a su oreja y susurrándole un “te amo”.  Ella le susurraba que ella también lo amaba. Pero eso nunca había pasado. Porque ella no se había animado a decirle que lo amaba y volvió a detestarse una vez más, por haber sido tan cobarde. Y una vez más volvió a preguntarse si Kevin se habría suicidado si ella se lo hubiera dicho. Y aunque si eso no hubiera sido suficiente, a Karla si le hubiera bastado con que él muriese sabiendo cuánto lo amaba.


Sólo se vive una vez. La vida pasa y no se detiene, y no sabés cuando se puede acabar. Disfruta cada día como si se acabase mañana.








2 comentarios :

  1. muy lindo , te hace pensar en lo bueno y lindo que es tener un grupo de amigos y en que si se quiere se puede tener uno por muchos años , hay que cuidarlo , pero poder se puede

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