"Solo sabes que has estado bien cuando te sientes mal. Solo odias la carretera cuando extrañas tu hogar. Solo sabes que la amas cuando la dejas ir."
Camino entre la gente que se acumula delante de mí. Nadie parece percatarse de mi presencia, y nadie me deja acercarme para ver que sucede. Por más que pido permiso a los gritos, nadie me escucha. Una mujer está pidiendo a gritos que llamen a una ambulancia, grupos de personas susurran, asustados. No sé qué está pasando, la gente me empuja y no me deja ver. Cuando me doy cuenta, estoy rodeado de más personas intentando pasar. Comienzo a asfixiarme. Ahora ya quiero salir, quiero irme de este lugar, pero no puedo. Las personas me rodean, se me tiran encima y no me dejan salir. Me falta el aire. Desesperado, empiezo a empujar con violencia a todo el mundo, porque ya no me importa nada, siento que si no salgo, voy a morir. Grito, pero siguen sin escucharme. Tropiezo y caigo al suelo. Las voces se vuelven zumbidos dentro de mi cabeza, no entiendo lo que dicen. Ya no siento nada.
- Ayuda, por favor...me estoy muriendo.... -Escuché estás palabras salir de mi boca. Me di cuenta que ya no escuchaba las voces, solo silencio. Abrí los ojos y me di cuenta que estaba en mi cama, solo. -Fue solo una pesadilla.
Me arrastré, todavía medio dormido, por la cama hasta llegar al lado de ella, todavía estaba tibio y tenía su aroma. Me levanté y caminé hacia la cocina. Ahí estaba ella, con su pelo castaño todo alborotado. Estaba de espaldas a mí, haciendo café.
-Buen día, amor. -Ella no respondió. Se dio vuelta, con la taza de café en una mano, y se sentó cerca de la mesa. Yo ocupé la única silla que quedaba. Nuestra casa era chica, siempre fuimos ella y yo. Por lo que había una cocina, con una mesa y dos sillas, un baño, una habitación. un pequeño living y un patio no muy grande para Howard, nuestro perro.
Apoyó su codo izquierdo en la mesa, y su cabeza en la mano. El pelo ondulado le caía hacia el costado. Se quedó como hipnotizada, mirando el vapor saliendo de la taza. Tenía ojeras, como si no hubiera dormido en días, y sus ojos estaban hinchados. Últimamente estaba trabajando mucho y no dormía. Las veces que me habré levantado a la madrugada y la habré encontrado en el sillón del living, con la laptop, envuelta en una manta, terminando una nota para el trabajo.
-No podés seguir así, Mari, mirate. Decile a tu jefe que necesitás descansar. -Le dije. Ella suspiró. Extendí mi mano, para llegar a ella. Se levantó de repente y se fue hacia la puerta de atrás para abrirle a perro. Dos segundos después, Howard entraba moviendo la cola y saltando para que le den su desayuno. Escuché el ruido del alimento balanceado chocando contra el fondo del plato de metal. Dos segundos después, María se dirigía hacia la habitación. La taza de café había quedado medio vacía. Me acordé del ejercicio del vaso medio lleno o medio vacío. Ahora era tan irónico que casi daba risa. Me levanté y la seguí a la habitación.
-María estaba pensando...¿Y si nos vamos de vacaciones? -Le dije de repente. Ella caminaba de un lado de la habitación a otro, sacando ropa y volviéndola a guardar. Había puesto dos pantalones sobre la cama y tres remeras. -A mí me gusta la verde y con el pantalón negro te queda re lindo. -Se paró mirando las opciones sobre la cama, suspiró y tomó la opción que yo le había sugerido. Caminó rápidamente y se encerró en el baño, segundos después, escuché el sonido de la ducha.
Me dirigí al living y me senté en el sillón, enseguida Howard vino y se acostó a mi lado.
- Quedate, pero sabés que cuando mami salga del baño nos va a retar a los dos. -Le digo a mi compañero peludo. No era un perro de raza, pero aún así era hermoso. Tenía el pelo color marrón claro, largo y era de estatura mediana. Hace unos años, cuando tan solo era un cachorro, lo habíamos encontrado en la puerta de una carnicería, esperando a que le dieran algo de comer. El carnicero le gritaba a cada rato para que se fuera. Le preguntamos si era de alguien y dijo que no, que desde el día anterior que estaba ahí, molestando. Así que ahí nomás María lo cargó en sus brazos y le dijo "Ahora vamos a casa, Howard". Me acuerdo que le pregunté, "¿Por qué Howard?". Aunque en el fondo ya lo sabía, solo quería que ella me lo dijera. También me acuerdo con la alegría que me lo dijo: "Por Lovecraft tonto, ¿por quién va a ser?". "Claro, ni siquiera me consultaste si me gustaba el nombre" le contesté, haciéndome el ofendido. "Bueno, la otra opción era George, pero no tiene cara de George, tiene cara de Howard". "¿Y nuestros hijos ya tienen nombre también o me vas a dejar participar en la elección?" Le dije, haciéndole una broma. Ella se río, me miró con esos ojos que me volvían loco y me dijo: "Sé que uno se va a llamar Jon y el otro Brandon". Seguimos bromeando, eligiendo nombres de nuestros personajes preferidos de nuestra saga preferida. Cuando nos dimos cuenta, estábamos en la puerta de casa, entonces le dije "A mí me gusta Arya", me miró seriamente y negó con la cabeza, "No sabes nada, Jon Nieve". Entonces estállamos de la risa los dos. Qué felices éramos en esos momentos.
María salió del baño con una toalla en la cabeza, miró hacia dónde estábamos, pero no nos dijo nada y siguió prepárandose para irse a trabajar.
* * *
Me acuerdo esa vez cuando fuimos al teatro. El espectáculo era sobre un ilusionista que sorprendía a todos con sus trucos. Fue divertido. María estaba fascinada, parecía una niña mirando a aquel ilusionista.
Cuando salimos del teatro, mientras caminábamos hacia una parada de taxi, hablábamos y tratábamos de descifrar cómo hacía el ilusionista aquellos trucos que parecían magia. Habíamos hecho un par de cuadras y todavía no se veía una parada de taxi, ni ninguno circulando. Entonces todo se pone borroso y comienzo a oír los latidos de mi corazón acelerado. Escucho el ruido de una moto, un grito de María, voces de hombres, pero no puedo ver nada, porque todo sucede demasiado rápido. No siento mi cuerpo, solo siento frío, y lo último que veo es la cara de terror de María y sus lágrimas. Ella me mira desde arriba, así que comprendo que estoy tirado en el suelo, pero no me acuerdo haberme caído. Me dice unas palabras con la voz temblorosa pero no llego a entenderla.
* * *
La televisión estaba encendida y estaban dando una novela. Ya era de noche y María estaba cocinando algo para la cena. Howard dormía plácidamente en el sillón. Me acerco a ella, está poniendo los fideos en el agua hirviendo.
- Amor, tenemos que hablar. -Le digo suavemente. Ella se da vuelta y se apoya contra la mesada, cruza los brazos sobre su pecho. Me pongo en frente de ella y la miro a los ojos. -Ya no puedo fingir más y ya no soporto verte así. -Se escucha música que viene de la televisión, siempre se sube el volumen en las publicidades. María suspira y se mete la mano en los bolsillos de su camperita de algodón, saca una caja de cigarrillos. Ella nunca fuma. Sin embargo está encendiendo un cigarrillo en este momento y abre la ventana para que el humo se vaya hacia afuera. Aunque me enfurece lo dejo pasar y sigo hablando. -Tenemos que seguir adelante, no podemos seguir así. Sé que es difícil, para mí también lo es. No me imagino seguir sin vos, sin nuestra vida juntos. Pero ya me di cuenta, que no puedo fingir para siempre que me ves y que me escuchás. Sin tan solo me escucharas...-Siento que se me quiebra la voz. Ella se da vuelta y apaga la hornalla, los fideos están listos. Se escucha la voz del locutor del noticiero. María, frustrada, se dirige al living La sigo y la observo parada frente al televisor con el control remoto en la mano. Se queda congelada mirando la pantalla. La voz del locutor se sigue escuchando a todo volumen porque ella todavía no lo bajó.
- Nos encontramos ante otro caso de inseguridad en la ciudad que ocurrió la semana pasada. -Decía el locutor. - Estamos hablando del asesinato de Joan Ungarelli, ocurrido el sábado pasado a las once de la noche en las calles del centro de la ciudad. Joan estaba caminando con su novia cuando dos hombres en una moto se detuvieron frente a ellos para robarles. Cuando él les entrega el poco dinero que llevaban encima, uno de los delincuentes lo apuñala en el pecho y después ambos se dan a la fuga. La policía aún busca a los responzables de esta tragedia, en instantes más detalles.
María apaga la televisión, sigue inmóvil. Me coloco a su lado y apoyo mi mano sobre su hombro. De repente, gira hacia un costado y arroja con violencia el control de remoto, que se estrella contra la pared. Comienza a gritar, fuera de si, y tira, destroza todo lo que encuentra a su alcance. Howard se despierta y empieza a ladrar, asustado. Hasta que, se sienta rendida en el suelo y empieza a llorar. Me acerco tanto que casi puedo tocarla.
- Romper todo no va a hacer que yo vuelva a la vida María. Las cosas son así ahora y no podemos cambiarlas, lo entendí hace poco. No puedo seguir fingiendo que seguimos nuestra vida normal, porque yo ya no tengo vida. Y vos no podés parar la tuya porque yo ya no estoy en ella. Tenemos que seguir adelante, aunque no sepamos que es lo que va a venir. Quiero que seas feliz, quiero que tengas los hijos que queríamos tener. -Me di cuenta que ahora yo también lloraba. - Esta es la última vez que finjo que me escuchás y solo lo hago para despedirme. Adiós María, te amo. -Entonces me incorporé y caminé hacia la luz.
* * *
Estaba en el piso y había terminado de llorar. Era la primera vez que lloraba después de la muerte de Joan. Se le habían caído unas lágrimas algunas veces, pero nunca conseguía llorar de verdad y sacarse la sensación de ese nudo en la garganta, la presión en el pecho. Se sentía vacía, rota por dentro. No podía parar de pensar en que ir al teatro esa noche había sido su idea, en cómo había imaginado que al llegar a casa le contaría que estaba embarazada. Su hija, porque ella sabía que iba ser nena, (no sabía cómo, pero sabía) nunca conocería a su papá y Joan nunca vería crecer a su hija. Entonces, Howard, su perro, se bajó del sillón, se acurrucó junto a ella, que lo abrazó. Así se quedaron en silencio, en medio del desastre que había hecho, acurrucados en el piso. Entonces entendió que podría pasarse la vida entera tirada en el suelo pensando cómo podrían haber sido las cosas, pero nunca lograría nada de esa manera. Ahora se arrepentía de haber fumado ese cigarrillo. María suspiró y mientras se acariciaba la panza dijo:
- Vamos a estar bien, Arya.
Vera Miszka

Esta buenisimo :D!!!
ResponderEliminarGracias, igual es muy cursi, no es mi estilo los cuentos de amor jaja
EliminarBueno, pero si siempre escribieras sobre un mismo tema terminaria aburrido, incluso mucho mas para vos misma jajaja.
EliminarSi es verdad, tengo que estar preparada para lo que sea que se me venga a la mente jajaja
EliminarExacto, aunque signifique anotarselo en la mano, si sale algo bueno más vale tenerlo para no olvidarlo xD
EliminarMas vale, si no, no duermo después jajaja
EliminarEs raro esto, nos tenemos en facebook pero hablamos por aca jajaja. En fin, este me gusto mucho, voy a seguir leyendo por aca si no te molesta xD.
EliminarJajaja si, lea tranquilo nomás, si tenés alguna crítica que hacerme hacelo sin piedad :D
EliminarNo soy de criticar, pero si se me ocurriera un consejito te lo hare saber :D
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