lunes, 22 de junio de 2015

La isla de las serpientes

Me encuentro en un sueño, del que no puedo salir.
Camino sobre el agua, descalza y despreocupada. Hasta que llego a una isla pequeña y conformada por negras rocas que se apilan hasta tocar el cielo. Está calma y silenciosa.
Estoy en la orilla, observando las extrañas formas de las rocas, cuando empiezan a salir de ellas serpientes que sisean y se precipitan hacia mí. Son tantas que mi mente asocia que la isla está hecha de serpientes, que se enroscan y desenroscan. Es entonces cuando miro mis pies desnudos, y veo una serpiente pequeña intentando subirse a mi pie. La esquivo delicadamente y comienzo a rodear la isla, intentando alejarme.
Si bien vine caminando sobre el agua, ahora sé que ya no puedo hacerlo y no hay forma de escapar. Sigo rodeando la isla, esquivando las serpientes. En ese momento me encuentro con una mujer que está agachada y de espaldas a mí. De repente me doy cuenta que yo, no soy yo, que soy otra persona, porque frente a esta mujer me encuentro yo, mirándome a mí misma. Estoy  sentada frente a esta mujer, que me ofrece un frasco que contiene un líquido de color piel. Mientras, parte de mí, dentro de esta persona que no sé quién es, observa como tomo este frasco y lo acerco a mi boca para beberlo. Entonces tengo un mal presentimiento, de alguna manera sé que ese líquido es veneno. Sin pensarlo, me doy vuelta y salto a una roca, y luego a otra, sin tocar el agua, alejándome sin mirar atrás.
Y así es como me abandoné a mí misma en la isla de las serpientes.



Vera Miszka

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