jueves, 4 de abril de 2013

La niña








Era el día más frío de ese invierno, el pronóstico decía que era muy probable que nevara en unas horas, lo cual era muy raro en la zona en la que vivía Emilia, ya que era muy cerca del mar, el clima era más húmedo. Pero hoy era distinto, hoy era un día raro, o especial, prefirió pensar Emilia, “hoy va a ser especial”.  Era temprano, pero ella ya se estaba preparando, no porque tardara tanto en prepararse, sino porque estaba ansiosa. Normalmente una chica de su edad se prepararía o se sentiría así antes de ir a una cita, pero ella no era una chica de ese tipo, simplemente no era una chica con la que un chico normal querría salir. Pero ella no se sentía mal, no le molestaba para nada, porque ahora estaba ansiosa y feliz,  hoy iba a ser la mejor noche de su vida.  Tal vez su “cita” no era con un lindo chico idiota al que solo le importaba sí mismo, como con los que salían sus compañeras en la escuela, no, “su cita” era aún mejor, era el recital de su banda favorita,  era ver en persona, aunque sea de lejos, al hombre que se había convertido en un ejemplo en su vida, en su ídolo, en su todo: Brendon.  Y por supuesto, escuchar su música en vivo, tanto había esperado por eso. ¿Cuántas noches se había dormido imaginando estar entre la gente escuchando su tema favorito de ellos, con Brendon a tan solo metros de ella, hasta había imaginado como estaba vestido, y la hacía subir al escenario? No es que ahora estaba pensando en eso, bueno en realidad sí, pero no creía que fuera posible tanto, aunque en realidad sí, lo esperaba, lo deseaba más que nunca. Allí iba a haber cientos de personas deseando y esperando lo mismo que ella. “Sería demasiada suerte”.  Pero con ir le bastaba, le había costado tanto, no solo el dinero, convencer a mamá, a papá, eso ya era mucho, y a su amiga Bianca para que la acompañara, sacar buenas notas y trabajar una semana en un local de ropa femenina, donde iban señoras gordas que se probaban prendas apretadas que les marcaban todos los rollos y luego les preguntaban a ella, si les quedaba bien. Eso era incómodo, pero lo peor era cuando se enojaban porque no les entraba nada, algunas les echaban la culpa a las prendas,  otras a las empleadas (por suerte a ella nunca le pasó eso) Y algunas empezaban a los llantos, como niñas caprichosas.


  Se había cambiado todo tres veces, menos la remera de la banda, eso era esencial, y se quedó con lo primero que se había puesto.  Se miró al espejo, se arregló un poco más el maquillaje, porque se había maquillado demasiado.  Y a los diez minutos llegó Bianca, que al parecer estaba muy animada.  Luego se enteró que no era por el recital sino porque iba un chico que le gustaba. Se fueron enseguida porque el papá de Bianca las esperaba en el auto. Saludó a su madre, su padre estaba trabajando, que le dijo que la llamara cuando llegara y que tuviera cuidado y esas cosas que siempre dicen las madres.


En el auto, el padre de Bianca puso la radio y cantaron todo el camino. Cuando llegaron se despidieron del papá de Bianca, que les dijo que las pasaría a buscar después y se pusieron en la cola para entrar al recital, en la que estuvieron aproximadamente cuarenta minutos.  Al entrar ambas se miraron con la boca abierta, el lugar era enorme, en el escenario había personas conectando los instrumentos, probando sonido y esas cosas.  La mayoría del público eran adolescentes, como ellas y entraban corriendo al lugar, algunos gritando de felicidad. Consiguieron un lugar bastante cerca del escenario.  

La espera de la banda fue casi eterna, todo el público estaba emocionado y gritaba “Brendon” y el nombre de la banda para que salieran.  Y al fin, cuando sucedió, todo fue mágico, como un sueño.  Emilia cantó todos los temas, saltó y gritó de felicidad.


Había llegado el momento en el que Brendon hacía subir a alguien del público al escenario, y cuando Brendon la señaló a ella, la miró, le hizo señas para que subiera y todos comenzaron a empujarla hacia las escaleras, todo se volvió tan confuso. Sería por la sorpresa, porque no podía creer lo que estaba pasando, que cuando estuvo a su lado, tan cerca, Emilia comenzó a marearse, todo empezó a darle vueltas y antes de sentir que se caía en un hoyo negro, profundo, sin fin, vio como Brendon se le acercaba, le preguntaba si se sentía bien mientras la rodeaba con los brazos para detener la caída de su cuerpo inconsciente.


Cuando Emilia abrió los ojos ya no estaba en el escenario, ni el recital, ni en su casa, ni en un hospital, se encontraba en un bosque.  “Seguramente estoy soñando” pensó.  Se sentó, observó alrededor, encontró una canasta y un mantel estirado en el suelo. Un picnic. El lugar no parecía ser conocido, concluyó que nunca había estado ahí. No veía a nadie alrededor.  Hasta que divisó algo que se acercaba, algo pequeño, ¿una niña? Sí, y venía corriendo hacia ella.  Al llegar a donde Emilia estaba, la pudo observar mejor. Aparentaba unos diez años, tenía el pelo largo y negro, bien peinado hacia atrás, con una cinta color azul arriba de la cabeza y luego el pelo le caía delicadamente.  Tenía los ojos marrones bien abiertos y respiraba agitadamente, parecía estar aterrada.  Su carita era redonda y tenía unos cachetes muy tiernos. Vestía un vestido celeste que le llegaba hasta las rodillas. Emilia la miró con desconcierto.


-          ¡Emilia! ¡Emilia! – Se abalanzó sobre ella y la abrazó.- Pa...pa..só de…de nuevo, la…la vi, estaba… detrás de mí…y…luego…-Comenzó a llorar, Emilia no sabía qué hacer, nunca había visto a esa niña en su vida, no entendía cómo podía saber su nombre.  Luego de unos minutos, la niña se desprendió de ella y se sentó en frente suyo. Mientras se limpiaba las lágrimas le dijo:
-          Mi madre no me cree, vos sos la única que me escucha Emilia. –Emilia asintió, no sabía si seguirle la corriente o preguntarle qué estaba pasando. – Emilia, ¿te pasa algo? Estás rara.

-          Creo que me desmayé y me golpeé la cabeza.- La niña abrió más los ojos y luego la boca, como si hubiera visto un fantasma.

-          ¿No te dormiste verdad? ¡Decime que no te dormiste!

-          Yo…

-          ¡Emilia! ¡No podemos dormir! Ya sabes lo que podría pasar….-Miró a los lados, como si temiese que alguien la escuchara, y luego continuó, susurrando- ella, se mete en nuestras mentes.

-          ¿Quién?

-          ¡La niña! ¡La de que te hablé! – Continuaba susurrando. ¿Qué le pasaba a esta niña? ¿Si estaba soñando, porque todo parecía tan real? Podía sentir la brisa en su cara, las hojas crujiendo debajo de ella, el aroma a pino. Esas cosas no pasaban en sueños, ¿o sí? – Mirá, tengo una teoría… ¿Querés escucharla?

-          Bueno, está bien. – Estoy enloqueciendo, definitivamente.
-          Creo que ella quiere que me duerma para poder matarme, en el mundo real no tiene poder, sólo me está asustando, no sé por qué me quiere a mí, nunca conocí a ninguna niña como ella, además…estoy segura que ella…está…muerta, nadie la ve, solo yo…

-          ¿Y qué pensás hacer? –Trataba de seguirle la corriente, no se le ocurría algo mejor.

-          Por ahora…no dormir.- Suspiró- Estoy tan asustada. Pero voy a hacer que mamá me crea, ya vas a ver.

-          ¿Dónde está tu mamá?

-          Fueron a caminar, ¿no te acordás? Dijiste que te quedabas acá mientras yo iba a las hamacas a jugar. – “¿Fueron? O sea, que hay más.”
-          No me acuerdo nada, creo que me golpee fuerte. –Dijo Emilia, mientras se tocaba el lado izquierdo de la cabeza, en cuanto lo hizo sintió un dolor punzante.

-          Dejame ver. – Se acercó y observó su cabeza.- Es solo un chichón. –Sonrío. Luego miró alrededor, un poco alarmada. Luego la volvió a mirar a ella y sonrío nuevamente.- Oh, casi lo olvidaba, tomé tu cámara prestada, perdón por no avisarte, en cuanto vuelva mamá te la devolveré.

-          Está bien, Lucy. –“¿Lucy? ¿La llamé Lucy? ¿Cómo sé su nombre? Si es que es su nombre…“ La niña no pareció inmutarse, así que sí, debía ser su nombre. Ella miró hacia atrás repentinamente.

-          Mirá, ahí vienen. – Emilia miró hacia la dirección en donde miraba Lucy, y vio que se acercaban una mujer, que debía ser la madre de Lucy y un anciano.  El abuelo de Lucy, tal vez.  Cuando llegaron a donde estaban ellas, se sentaron a su alrededor. La mujer dijo:

-          ¿Todo bien chicas? Este lugar es muy hermoso y pacífico ¿no? Te despeja la mente. – Emilia asintió.

-          Si mamá, quiero mostrarte algo, Emilia, -la miró- abuelo, - miró al anciano-  vos también, ya es hora de que sepas. – La cara de la madre cambió completamente, era una mezcla de susto y vergüenza. Tratando de simularlo dijo:

-          Juegos ahora no cariño, lo hablaremos en casa, ¿está bien?

-          Oh Norma querida, dejala, pobrecita. –Dijo el anciano, miró a su nieta y le guiñó un ojo. Lucy le sonrío agradecida. Su madre suspiró.

-          Está bien. ¿Qué pasa hija?

-          Tengo pruebas mamá, ahora me vas a creer. – La madre estaba desconcertada. Emilia también, el anciano parecía intrigado. Lucy extrajo de un bolsillo de su campera la cámara de Emilia y la encendió:

-          Acérquense.- Dijo la niña. Y así lo hicieron, formaron un círculo alrededor de las manos de Lucy que sostenía la cámara. Luego puso a reproducir un video. Y ahí es cuando todo cambió, de repente, Emilia sintió que algo andaba mal, el corazón empezó a latirle con fuerza, sentía que la observaban, se dio vuelta bruscamente y no vio nada. Trató de tranquilizarse. - ¿Estás bien Emilia? – Lucy la miró con sus hermosos ojos. Emilia asintió y miró hacia la cámara. La sensación empeoraba.  En el video se veía a Lucy hamacándose en una hamaca, se hamacaba cada vez con más fuerza, las demás hamacas estaban desocupadas.  Todo parecía normal, pero no lo era, Emilia lo sentía. De repente, las hamacas que estaban desocupadas empezaron a hamacarse solas, primero despacio, sin que Lucy lo notara, Lucy había disminuido la velocidad, se hamacaba normalmente.  Luego las hamacas comenzaron a moverse violentamente, incluyendo en la que estaba Lucy, que comenzó a gritar, pero no se escuchaban sus gritos, porque parecía que había una interferencia, el video se escuchaba como lluvia, luego gritos entrecortados. Lucy salió despedida de la hamaca, aterrizó en el suelo y detrás de ella, se divisaba a una niña vestida de negro, con el pelo atado en dos colas, no se podía ver más, se veía borroso. Luego todo paró y volvió a la normalidad. Lucy se movió lentamente, después se arrastró hacia donde estaba la cámara y cortó el video. Todos se quedaron  en silencio.  Nadie sabía que decir. Emilia estaba aterrada, no podía dejar de sentirse observada, comenzó a mirar para todos lados, compulsivamente.


-          ¡No, Emilia! No tenés que buscarla, no lo hagas. – Le dijo Lucy mientras tomaba su cara entre sus manos y la miraba fijamente a los ojos. Luego de un segundo la soltó. Pero Emilia no podía evitarlo y siguió mirando y mirando. La madre de Lucy parecía petrificada y mirando a la nada, dijo lentamente:


-          Tenemos que irnos, se hace tarde. – Comenzó a levantarse, cuando Emilia vio algo, a lo lejos entre los árboles había una niña, detrás de un árbol, instintivamente, gritó:

-          ¡Lucy, ahí está, Lucy!

Pero cuando todos giraron para mirar en la dirección que señalaba Emilia, la niña salió corriendo,  detrás de ella corrían dos niñas más. Solo eran niñas jugando. Solo eso. Estaba enloqueciendo, todo era una locura, no podía ser real, era un sueño, no era más que eso, en cualquier momento, despertaría en su cama se levantaría y se haría un café.

Entonces algo en la cara de la madre de Lucy cambió,  su expresión de desconcierto, era aterradora, tenía los ojos extremadamente abiertos, Emilia nunca había visto una expresión tan espeluznante en su vida, con solo mirarla su cuerpo se sacudió violentamente de miedo. El silencio que había era sobrenatural.  La mujer, levantó un brazo lentamente y señaló detrás de Emilia, que no quería darse vuelta, porque ya sabía lo que vería y no lo quería ver, pero sin pensarlo lo hizo…Entonces la vio…estaba lejos, no, ahora más cerca…oh dios, se está acercando…Todos estaban clavados al suelo, era horrible, era como estar atrapado, querer correr, gritar y no poder.  La niña…en las manos, llevaba, ¿tenía una escopeta? Emilia río histéricamente y rompió el clima de shock. Lucy le tomó la mano y gritó que corrieran. Entonces empezaron a correr por un sendero que cada vez se volvía más oscuro,  Lucy iba adelante tironeándola para que corriera más rápido, Emilia sentía que las piernas le quemaban.

El sendero se dividió en dos, el de la derecha parecía estar más iluminado,  Emilia estaba desesperada y no se le ocurrió otra cosa que gritar:

-          ¡¿Izquierda o derecha?! ¡¿Izquierda o derecha?!

Entonces escuchó la voz de la madre de Lucy que le contestaba:

-          ¡Izquierda! ¡Izquierda! ¡Rápido!


Tomaron el camino de la izquierda, “¿Por qué lo hicieron? Qué estúpida, es el camino más oscuro.”  Todo se volvió negro, Emilia ya no podía ni siquiera divisar a Lucy, que corría en frente de ella.  Pero algo ocurría, la mano de Lucy ya no era la mano de Lucy, era otra cosa, algo viscoso,  Emilia retiró la mano en seguida, pero algo la tironeaba de las mangas de su suéter y lo retorcía, la llevaba hacia la oscuridad. Entonces en una milésima de segundo entendió, que la voz que había escuchado, no había sido de la madre de Lucy,  había sido la niña. Ahora entendía, no sabía cómo, ni por qué, pero entendía, la niña no quería a Lucy, había usado a Lucy para llegar a ella y ella había caído en la trampa… Y ahora la tironeaba, la llevaba. “Voy a morir. Estoy muriendo. Estoy muerta.”

Emilia  sacudió los brazos violentamente, pero no podía soltarse, entonces todo se aclaró de repente.  Abrió los ojos y lo primero que vio fue a Brendon que le hablaba, escuchaba ecos de su voz, pero no entendía que le decía, intentó hablar pero no pudo. Luego lentamente comenzó a recuperar los sentidos.  Se sentó y se encontró en un camerín, a su lado estaba Brendon.


-          ¿Cómo estás? – Le dijo. Emilia no podía creerlo.

-          De verdad, ¿sos vos? Estoy soñando. – Río, porque recién había estado en un bosque con una niña loca que la perseguía con una escopeta.

-          Creo que sí, ¿vos que decís? – Le contestó sonriendo.

-          ¿Qué pasó? – Le preguntó Emilia

-          Te desmayaste. – Emilia abrió los ojos.

-          ¡El recital! – Exclamó, alarmada. Si habían suspendido el recital porque ella se había desmayado no se lo perdonaría nunca.

-          Ya terminó. Era la última canción cuando te desmayaste, así que…- Le ofreció un vaso de agua.


Se escuchó voces discutiendo en la puerta, que se abrió de golpe, y entró Bianca, que parecía enfadada y asustada a la vez.  Cuando la vio, pareció no importarle que el cantante de la banda estaba  presente, se abalanzó sobre Emilia y la abrazó. Lo que pasó después, fue que se rieron de lo sucedido, Emilia se tranquilizó pensando que se había golpeado la cabeza y había soñado todo lo del bosque. Ya salían del camarín, con Bianca, después de unos autógrafos.  Fotos no porque extrañamente Emilia había perdido su cámara…Seguro se le cayó entre el público. Mientras caminaban por el pasillo, que estaba repleto de gente, Emilia metió sus manos en los bolsillos de la campera, pensó que había sido un extraño día, entonces sintió algo en el bolsillo izquierdo, lo sacó y era una cinta azul, se le cortó la respiración un segundo, se detuvo, asustada. Miró hacia donde estaba su amiga Bianca, pero se sobresaltó al ver que no era ella que la que estaba allí sino que  se vio a sí misma pero más alta, que la miró con rareza y le dijo con su voz:

-          ¿Qué te pasa Lucy?


 Emilia, que ya no era Emilia, se miró vio que vestía un vestido celeste, tenía las manos chiquitas. Gritó con todas sus fuerzas. Entonces Lucy despertó, bañada en sudor, en la oscuridad de su habitación, no pudo evitar sentir que alguien la observaba. 




2 comentarios :

  1. Wow Vera. Hace mucho que no leía tu blog, la verdad que tu evolución ha sido gigantesca. La trama, los personajes, los sutiles elementos que utilizas para que el lector se adentre en la historia son muy buenos. Beso y felicitaciones.

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